Volver a Boedo, la proeza final

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La historia de San Lorenzo es la historia de una proeza. O de muchas. En este caso, es la historia de la proeza final, la que cerrará la etapa más dolorosa de su pasado de gloria, hoy ya tan lejana y tan presente al mismo tiempo. Esa proeza, que construyeron sus propios hinchas con sus manos de obreros de la pasión, tiene un solo horizonte: Volver a Boedo.

Para que se entienda y lo entiendan los que no lo saben, “volver a Boedo” es, para San Lorenzo, volver al hogar, regresar a su casa, retornar a las fuentes. Volver a Boedo es recuperar los terrenos y reedificar el Viejo Gasómetro, el legendario estadio de Av. La Plata que la dictadura cívico-religiosa-militar le arrebató al club con la sola intención de favorecer un negocio inmobiliario.

Esa historia, la historia de la proeza final, es lo que cuenta Pablo Calvo en Los tesoros del Gasómetro, cuya bajada explica que se trata de “la apasionada lucha de los hinchas de San Lorenzo por volver a casa”. El libro fue editado por Aguilar y es un excelente resumen de lo mágico que suele ser el fútbol en este país.

En diciembre de 1979 se jugó el último partido oficial en el estadio de Av. La Plata, en el porteño barrio de Boedo. Tres años después, San Lorenzo se convirtió en el primer equipo grande en perder la categoría desde que, en 1930, se instaurara el profesionalismo. Hasta mediados de los ’90, los corazones alzulgranas deambularon sin cancha, jugando en estadios alquilados, pero sin hogar. Con esfuerzo, la institución construyó el Nuevo Gasómetro, en el alejado barrio del Bajo Flores. San Lorenzo recuperó el hogar, pero su corazón seguía exiliado.

La presente década, la del 2010, será recordada como la de la debacle de los equipos grandes. River e Independiente descendieron y San Lorenzo debió jugar una promoción para evitar regresar a la segunda categoría del fútbol argentino. Fue en ese momento de zozobra y crisis institucional, que San Lorenzo decidió refundarse o reinventarse o simplemente, renacer.

Renacer implica volver a vivir. Y para volver hay que saber desde donde uno partió. En San Lorenzo eso lo tienen muy claro: ello partieron de Boedo, esa tierra santa a la que hay que regresar. Esa marca identitaria fue el elemento central en la reconstrucción institucional, futbolística y socio-cultural que ha caracterizado al club en el último lustro. A los logros deportivos (como la obtención de la tan ansiada copa Libertadores o el campeonato de la Liga Nacional de básquet), se le sumaron los triunfos simbólicos. Los hinchas de San Lorenzo y su dirigencia, se empecinaron a Volver a Boedo. Y lentamente lo están logrando.

Basta recorrer las calles cercanas al viejo estadio, para entender que es un territorio azulgrana. Sus paredes, con murales pintados por hinchas organizados en el Grupo Artístico de Boedo, reflejan esa historia de gloria deportiva y de pertenencia barrial. Es en lo simbólico y lo cultural en donde San Lorenzo ganó su primera batalla por regresar a Boedo. Las restantes, se luchan en los planos políticos y económicos, ambas bien encaminadas a favor del azulgrana.

Calvo, con su libro Los tesoros del Gasómetro, nos demuestra que hay historias vivas en la piel del barrio, que son las que pugnan por el regreso del viejo estadio a su sitial sagrado. Por sus páginas –como por las calles de Boedo-, los chicos juegan a la pelota, los vecinos se encuentran en el café, los socios practican actividades deportivas y todos, pero todos, sueñas con la misma proeza: Volver a Boedo.

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