Una almohada

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Corría el año 2011 y desde el programa radial Mate Cocido le dimos voz a los que nunca habían tenido nada. Eran los habitantes del barrio Néstor Kirchner, inaugurado por aquellos días en un acto que contó con la presencia del entonces gobernador misionero Maurice Closs y del Jefe de Gabinete, Ricardo “Pelito” Escobar, el verdadero hacedor de aquellas 50 casas construidas en base a un acuerdo entre gobierno provincial, municipio de Posadas y la Fundación Madres de Plaza de Mayo.
 
Los testimonios de los vecinos que habían logrado dejar atrás sus ranchos de madera y cartón para pasar a vivir en una casa de material amueblada, fueron emocionantes. Pero hubo uno que nos movilizó en especial. Una vecina, de unos 30 años y con varios hijos a su alrededor, respondió a nuestra pregunta sobre qué fue lo primero que sintió al entrar a la vivienda de la siguiente forma: “lo que más felicidad me dio fue que mis hijos pudieron dormir con una almohada por primera vez en su vida”.
 
Una almohada.
 
La frase parece insólita, pero solo porque es incomprensible para los que siempre lo tuvieron todo: una cama, una almohada, un auto, un plato de comida... una cuenta en Bahamas. Para esa gente, la dignidad que transforma a los pobres en ciudadanos es sospechosa. No importa de qué, pero les genera sospechas. Es que el miedo te hace ver fantasmas y sospechar de todo. Y eso le pasa hoy a muchos argentinos. Tienen miedo de dejar de sentirse especiales frente a los de abajo que se les ponen a la par... ¡qué duermen en almohadas como ellos!
 
En el marco del revanchismo neoliberal que impera por estos días, aquel Programa de Sueños Compartidos que construyó 50 viviendas para darle dignidad (y una almohada) a medio centenar de familias posadeñas, es puesto en entredicho judicial. Está bien, que se investigue lo que haga falta. Los que nunca hicieron una casa por nadie, se creen con el derecho de juzgar a los que durante 12 años trabajaron por el prójimo, con sus aciertos y errores. Son las reglas del juego del endeble sistema republicano que tenemos, en donde el poder judicial se perpetúa y se acomoda según para donde soplen los vientos políticos. Ese poder judicial que avaló todos los golpes de Estado del siglo XX, el mismo que frenó las leyes más importantes de la “década ganada”, el que se niega a pagar ganancias como un director de escuela, un médico o un camionero. El mismo poder que ahora, como mascarón de proa del revanchismo oligárquico, avanza contra los que tuvieron la osadía de darle dignidad a los que nunca tuvieron nada.
 
Pero no importa lo que hagan o las denuncias que vehiculicen gracias a magistrados de nula entidad moral o compromiso social, los buenos, los que luchan por darle dignidad a la gente, siempre triunfan. El amor vence al odio; lo demuestra la historia. No importa lo que hagan. Ya nadie podrá borrarle la felicidad a aquella madre. Ya nadie podrá robarle la ilusión de que la dignidad es posible, ni que se puede soñar con un mundo más justo apoyando la cabeza en una cómoda almohada.
 
Eso, la diferencia entre Uds. y nosotros, es una almohada.

1 comentarios:

  1. Aquel que nunca tuvo hambre, aquel que nunca trabajó 12 o 14hs para ganar apenas para llevar un kilo de huesos y un paquete de fideos para sus hijos, aquella que nunca tuvo que recurrir a la curandera del barrio para ver como se sacaba ese embarazo porque ya iba por el séptimo hijo, aquel que nunca perdió su casa porque el temporal se la llevó y tantas historias que pasan nuestros poriajú de explotación e indiferencia...bueno esos...esos nunca tendrán el respeto y el amor de su pueblo

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