Soberanía

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Son tiempos difíciles. En esta era de la restauración neoliberal, son tiempos difíciles para el país y sus habitantes. La crisis económica provocada por el ajuste y la brutal transferencia de riqueza hacia los sectores más concentrados, ha dejado enflaquecidas las arcas de las provincias, los municiones y los bolsillos del pueblo.
 
El centralismo unitario se despliega en toda su dimensión simbólica y material, como esta semana, con la novedad del cierre de la sucursal del AFIP en la segunda ciudad en importancia de la provincia, Oberá. O, mucho más grave, con el anuncio de los incrementos en los fondos de la coparticipación, en donde a las provincias le correspondieron incrementos en línea con la inflación (35%) y a la jurisdicción más rica, la CABA, aumentos de un orden de magnitud mayor (350%). Y todo ello gracias a un decreto que hasta el perro Balcarce sabe que es inconstitucional.
 
En este marco, el gobernador Hugo Passalacqua y la Renovación en su conjunto, se aferran al principio fundante del proyecto misionerista (el de hoy, el de siempre y el del futuro): la soberanía. Algo de ello expresamos en un artículo previo. Lejos de un alineamiento automático, Misiones hoy procura pararse en el lugar que le garantice a los misioneros la continuidad de sus puestos de trabajo. Ni más ni menos. Para eso hacen equilibrio entre el lineamiento de “gobernabilidad con gobernabilidad se paga” y la indisimulable pichadura que generó la reciente visita de Mauricio Macri, cuyos anuncios carecieron de interés práctico para la provincia.
 
Incluso la cuestionable decisión de acompañar el pago a los fondos buitres (medida que reputo como traicionera de la causa nacional y popular), responde a la lógica soberana con la que se maneja el gobierno provincial. Puede gustar o no la decisión, pero es algo que se resolvió en la provincia en forma autónoma a los dictados de un bloque deshilachado como lo es el del FPV. La ratificación de este carácter autónomo, fue la no votación de la anulación de la ley de Medios, en donde los legisladores de la Renovación no acompañaron a Cambiemos en su intento por legitimar la violación de las leyes nacionales.
 
¿A dónde se apunta con estas líneas? A que, independientemente de las decisiones que se tomen (que pueden gustar más o menos), ellas tienen una base de legitimidad que resulta incuestionable: la soberanía de Misiones. Parafraseando a Perón, podríamos decir que dentro de ese marco todo, fuera de ello, nada. Es que la única alternativa de sobrevivencia para la provincia es la de aferrarse a su soberanía, como lo hicieron los guaraníes y los jesuitas contras los Bandeitrantes, como lo hizo el pueblo en armas con Andresito, como lo hicieron los colonos de todas las latitudes y sus hijos para pugnar por la provincialización y como tenemos que hacerlo todos los misioneros en este presente. Soberanos, seremos pueblo y provincia. Sin soberanía, no somos nada.

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