Soberano

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En apenas 48 horas el gobernador Hugo Passalacqua adoptó dos medidas que ratifican el lineamiento general que tendrá su administración. Tanto en la revolucionaria adopción del Boleto Estudiantil Gratuito (BEG) como en el rechazo al protocolo represivo del gobierno nacional, el primer mandatario de Misiones actuó con plena soberanía. En momentos en los que desde el poder central se pretende ajustar las clavijas provinciales con métodos del viejo unitarismo del siglo XIX, el gobernador misionero se posicionó en el lugar que la historia le indica: el de la defensa irrestricta de la autonomía y la soberanía provincial.

El mismo día en que la cámara de transportistas solicitó la prórroga para la puesta en marcha del BEG, Passalacqua respondió con la firma del decreto 105/16 que reglamentó la ley que había creado el boleto gratuito para todos los estudiantes de la provincia. Merced a esa firma, hoy nuestra provincia es la segunda jurisdicción del país en la que los alumnos viajan gratis en todos los niveles educativos. El impacto económico es enorme, y será asumido para rentas generales con fondos propios aportados por todos los misioneros con sus impuestos.

El carácter soberano de la medida reviste un doble sentido. Por un lado, porque el gobernador se abstrae del lineamiento de achicamiento y recorte del Estado impulsados por la administración nacional, de neto corte neoliberal. En segundo lugar, porque esa medida solo es posible en una provincia que ha desplegado una política de soberanía tributaria, que le permite contar con recursos propios en niveles superiores a otras de igual importancia relativa. De hecho, en su nota del domingo de Página/12, HoracioVerbitsky aportó un gráfico con los recursos provinciales, en donde Misiones es novena en cuanto a la obtención de recursos propios, solo superada por las petroleras (Santa Cruz, Chubut, Neuquén y Mendoza) más las centrales (CABA, Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe). Pese a las críticas de ciertos sectores, la soberanía tributaria es la única que puede garantizar la soberanía política.

Unas horas después de la firma del citado decreto, el ministro de gobierno Dr. Marcelo Pérez anunció que la provincia no adherirá al protocolo represivo dictado por la ministra de seguridad Patricia Bullrich. “En Misiones seguiremos trabajando como lo hacemos hasta ahora, con el diálogo y la intervención de la Justicia cuando corresponda”, aseveró Pérez. La declaración no pasó desapercibida y mostró, una vez más, la soberanía con la que Passalacqua pretende manejarse ante las presiones del Estado nacional. En Misiones no habrá represión indiscriminada ante la protesta social.

Esta postura del gobernador ratifica lo que ha sido una impronta política de la Renovación del 2003 a esta parte. La construcción de una provincia soberana implica adoptar medidas en todos los frentes, como el educativo o el tributario. Pero también obliga a diferenciarse del Estado nacional cuando este pretende imponer sus criterios como si fuera un estado unitario. Passalacqua optó por ejercer su soberanía o, mejor dicho, por ser el representante en el gobierno de la soberanía de los misioneros. Esa marca identitaria que se encuentra en el ADN político de los habitantes de esta región desde tiempos inmemoriales. Ese concepto político que le permitió a los guaraníes y jesuitas desarrollar la más fantástica forma de organización en tiempos coloniales, las Misiones. Ese ideal que llevó al pueblo en armas a lanzarse a la lucha por la revolución y la independencia en tiempos de Andrés Guacurarí y Artigas. Ese sueño permanente por recuperar el carácter institucional de provincia que se materializó en 1953, en el marco de un gobierno de tipo nacional y popular.

Es que eso es Misiones y eso somos los misioneros. Un pueblo consciente de su soberanía, con un gobernador determinado a ser soberano en sus actos.

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