¿Ahora entendés para qué quieren un Banco Central independiente?

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Durante años -los años de la administración kirchnerista-, asistimos a un debate sobre el sentido y la función del Banco Central de la República Argentina. El argumento central y repetido hasta el cansancio por opositores y medios hegemónicos, es que el BCRA debe ser independiente del gobierno nacional y sus políticas no pueden vincularse con las decisiones en materia económica que adopte el Ejecutivo. Con esto, arguyen los defensores del independentismo, se garantiza una política monetaria estable y alejada de los vaivenes tradicionales de la política.

Bueno, a poco de andar, el gobierno de Mauricio Macri nos demostró a todos los argentinos para qué es que quieren un BCRA “independiente”. En la esclarecedora nota del domingo en Página/12, Alfredo Zaiat explica los alcances de un decreto de necesidad y urgencia (DNU) firmado por Macri, el 22 de diciembre pasado. Allí, se transforman las Letras de Cambio del Tesoro Nacional que posee el BCRA, por bonos que serán puestos en el mercado financiero a más de 7,5 por ciento de interés anual.

Para resumirlo, el BCRA le había prestado dólares a la Nación para pagar vencimientos de deuda, aportes al Fondo de Desendeudamiento y hasta el famoso pago al FMI. A cambio, el Tesoro le había dado Letras que devengaban un interés mínimo, cercano al 1 por ciento anual. ¿Cuál es la lógica de estos préstamos? Que al ser entre organismos internos del Estado, no tienen por objetivo ni la maximización de la ganancia ni el cobro forzoso del capital. Claro, para ello, hay que contar con un BCRA que no sea independiente del Estado, sino que lo acompañe en sus necesidades económicas y financieras.

En esta nueva lógica independentista, las Letras del Tesoro son un capital de escasa ganancia para el Central. Es por ello que “obliga” al Estado nacional a cambiar esas Letras por otro recurso financiero que le permita obtener ganancias como si fuera una entidad bancaria más. Así lo explica el informe del BCRA citado por Zaiat: “se trata de una sustitución de activos completamente ilíquidos por otros que pueden ser negociados en los mercados financieros”, y “de este modo, el Banco Central fortalece el instrumental disponible para la implementación de sus políticas monetaria y cambiaria”.

O sea, gracias de la independencia del Central, ahora los argentinos dejamos de tener una deuda con la entidad a una muy baja tasa de interés, para pasar a tenerla con una serie de bancos que son los que adquirirán los nuevos bonos que emitirá el país a cambio de aquellas Letras. A groso modo, con este cambio de papeles el país pasa a deber, en lo inmediato, casi 10.000 millones de dólares. 

Por lo visto, la independencia del BCRA era con relación al Estado nacional, pero no con la banca internacional, que ya se relame ante una suculenta tajada en intereses y comisiones. Todo muy lindo, todo muy PRO, lástima que los globitos amarillos le salgan tan caro al país.

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