San Martín, Del Sel, Bergoglio y el pobre trasero

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Hace casi 200 años que el por entonces Gobernador de Cuyo, José de San Martín, debió interceder para ponerle un límite a la práctica común de los castigos corporales contra los niños en edad escolar. Fiel a su estilo humanista y revolucionario, el futuro libertador respondió con un “no ha lugar” al pedido del presbítero Francisco Xavier Morales para continuar los tradicionales (y aberrantes) azotes en las nalgas de los alumnos.
 
La justificación de San Martín, firmada el 23 de noviembre de 1815, es de lo más ocurrente: “Siendo el trasero una parte corporal y a los ojos modestos muy mal quista, donde se pretende castigar, cuando no puede ser oída ni puede ser vista, declaro no ha lugar”. De esta forma, los niños que asistían a los establecimientos educativos mendocinos de hace 200 años, ya se libraron de ser azotados en su cola. Pese al tiempo transcurrido, los cavernícolas de siempre vuelven al ruedo y defienden a los golpes como un modelo educativo válido.

Hace pocas semanas atrás, el que reinstaló el tema fue el candidato a gobernador de Santa Fe por el PRO, Miguel del Sel, quien con su acostumbrada liviandad aseguro que “mi viejo me metía unos cintazos espectaculares (sic) y yo salí buen tipo. Además, aseguró que “cuando me porté mal en la escuela San Cayetano, venía el cura, me llevaban a dirección, me metían dos varillazos en las patas y terminé abanderado", afirmación que luego fue desmentida por el colegio en cuestión.

Ahora, el que vuelva a instalar el tema no es otro que Jorge Bergoglio, el jefe perpetuo de la iglesia católica, quién acaba de afirmar que “nunca le den un cachetazo en la cara a un chico porque la cara es sagrada, pero dos o tres palmadas en el traste no vienen mal”. Se ve que Bergoglio jamás leyó a nuestro Libertador, o si lo leyó poco le importa su legado humano y moral. De haberlo leído sabría que el traste no puede ser oído ni ser visto, por lo que no se debe castigar en esa parte del cuerpo.

Poco sorprende que ni Del Sel ni Bergoglio leyeran a San Martín, para ser candidato del PRO o jefe de la iglesia no se requiere demasiada humanidad. Lo que sí sorprende es la dispar respuesta frente a dos afirmaciones que van en el mismo sentido. Cuando Del Sel dijo lo que dijo, todas las voces kirchneristas se alzaron para criticarlo con dureza. Ahora, cuando lo dice Bergoglio (por estas horas un insospechado aliado del oficialismo) todos hacen mutis por el foro. Hipocresía de oportunistas, en fin.

Lo cierto es que, una vez más, a San Martín nadie le lleva el apunte. Y el trasero ahí está, otra vez a punto de convertirse en víctima de los cavernícolas modernos. Estos hombres de las cavernas deberían saber que a los chicos no se les pega, se los debe educar con amor, comprensión y responsabilidad.

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