El plan económico que necesitó de un genocidio

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El 24 de marzo de 1976 comenzó la peor dictadura cívico-religiosa-militar de la historia argentina. Sus consecuencias represivas son bien conocidas, pese a que poco se debate sobre una pregunta que resulta clave para entender el macabro plan aplicado por la cúpula militar: ¿qué objetivos tenían como para requerir de una represión tan profunda y sistemática? En este artículo brindaremos una repuesta posible para comprender las causas económicas que sustentaron el plan de exterminio en la Argentina de los años de plomo.

A partir del golpe de estado de 1955 contra el gobierno constitucional de Juan Perón, los grupos económicos en la Argentina habían presionado sobre la estructura socio-económica montada por el peronismo, a la que podríamos definir como un estado de bienestar con pleno empleo, salarios justos, derechos laborales, justicia social y distribución de la riqueza. Durante los 18 años de proscripción del peronismo, esto es, hasta 1973, los distintos gobiernos, ya sea semidemocráticos o de facto, pugnaron por quebrar la incidencia de los trabajadores en la distribución de la renta nacional, que para 1954 había alcanzado un pico histórico cercano al 50 por ciento (ver cuadro 1).
Participación de los trabajadores en la distribución de la riqueza
Durante toda esa etapa, si bien la capacidad de los trabajadores de apropiarse de la renta nacional se redujo en torno a un 10 puntos en términos absolutos, no fue suficiente como para garantizar un nuevo ordenamiento en la relación entre trabajadores y el capital. Ello se debió, fundamentalmente, a la capacidad de los primeros en mantener sus organizaciones sindicales y en el éxito de los sistemáticos planes de lucha lanzados durante la década de 1960 y comienzos del 70. El crecimiento de la resistencia como fenómeno social no solo permitió el regreso de Perón y de la democracia en 1973, también aseguró la continuidad del estado de bienestar.

Reconvertir la economía

Frente a este fracaso, la dictadura de 1976 trazó un plan económico que debería ser definitivo en el objetivo de reconvertir la economía nacional para producir una triple redistribución de la riqueza: de la industria al campo, del capital nacional al extranjero y de los trabajadores a la patronal. Ahora bien, ¿cómo aplicar este plan económico con la generalizada resistencia popular existente en el país? Mediante una represión como nunca antes se había visto en la Argentina.

Así, la remañida teoría de la guerra interna contra la guerrilla de Montoneros, ERP, etcétera, no fue más que una excusa para llevar adelante el aspecto determinante de la aplicación del nuevo modelo económico: el disciplinamiento del movimiento obrero y la rebeldía estudiantil en un país en donde la resistencia se había generalizado. Sin este disciplinamiento, sería imposible la aplicación del plan diseñado por José Alfredo Martínez de Hoz, el ministro de economía designado por el genocida Jorge Rafael Videla.

El modelo, al que se suele definir como un capitalismo especulativo financiero, ubicó en el centro de la economía nacional al aparato financiero, favorecido por la ley de entidades financieras, de 1977.

La aplicación del mismo tuvo dos momentos, pero con un único mecanismo: el endeudamiento de la Argentina. Entre 1976 y 1980 la liquidez de dólares en el mundo permitió el funcionamiento de la “bicicleta financiera”, que consistía en tomar créditos en el extranjero a tasas del 3 y 4 por ciento anual, ingresarlas al país y colocarlas en plazo fijo en pesos a tasas del 13 y 14 por ciento mensual. Esto generaba ganancias de hasta el 150 por ciento en un año. Pasado el año, se retiraba el dinero, se lo convertía en dólares y se lo fugaba al exterior. No para pagar el crédito, que quedaba como deuda a pagar en el futuro y atada a una tasa flotante que sería determinante a partir de 1980.
Evolución de la deuda externa 1966-1975
Es que con el cambio de década se acabó la liquidez. Estado Unidos ingresó a una etapa de crisis debido a su enorme déficit fiscal, que solo podía ser resuelto mediante la fabricación de más dólares o la absorción del ahorro de los países endeudados. Y, obvio, la Argentina fue uno de esos países. Con una economía incapacitada de afrontar el pago de los préstamos, el único camino fue la toma de nuevos créditos, lo que generó una deuda pública de 30.000 millones de dólares y una privada de 14.000, que luego fue estatizada por Domingo Cavallo en 1982. Sí, Cavallo le hizo pagar a todos los argentinos los 14.000 millones de dólares que las principales empresas del país habían tomado en tiempos de la bicicleta financiera. A todo esto, entre 1976 y 1983 se fugaron del país unos 30.000 millones de dólares más. La reconversión de la economía mediante la redistribución de la renta del capital nacional al extranjero, estaba plenamente garantizada mediante el manejo de la deuda, que se multiplicó por ocho (ver cuadros 2 y 3).
Evolución de la deuda externa 1975-1983
Mientras los grandes empresarios hacían sus pingües negocios y la resistencia sucumbía en las catacumbas de la tortura, el modelo lograba su objetivo de cercenar la capacidad de los trabajadores de apropiarse de parte de la riqueza nacional. Para ello, recurrió a distintas vías, pero una contundente fue la inflación (ver cuadro 4). Durante todos los años de la dictadura la inflación superó el 100 por ciento anual, con picos en 1976 y 1983, para sumar un total de 1649,2 por ciento en siete años de gobierno dictatorial.
Evolución de la inflación 1975-1983
Todo esto se tradujo en una descomunal pérdida de los trabajadores, que vieron reducida su capacidad de apropiarse de la renta nacional en forma dramática y como nunca antes se había registrado en la historia. Ya en el primer año de gobierno de facto, la pérdida fue del 30 por ciento en valores relativos, pasado del 44 en 1975 al 30 por ciento al año siguiente. El reparto entre capital y trabajo se mantuvo estable hasta 1982, cuando la clase obrera apenas si logró apropiarse del 22 por ciento de toda la riqueza producida ese año por el país. De esta forma, tenemos que durante el gobierno militar los trabajadores perdieron la mitad de los ingresos que obtenían hasta 1975, cerrando el ciclo histórico con solo un cuarto del total de la riqueza nacional (ver cuadro 5).
Participación de los trabajadores en la distribución de la riqueza
Pese a la derrota política de la dictadura y a su debacle militar en Malvinas, el éxito económico de Martínez de Hoz y sus socios civiles del empresariado transnacional fue contundente y sentó las bases del neoliberalismo. Si no avanzaron más allá –por ejemplo con privatizaciones-, solo fue porque, una vez más, el pueblo se volcó a la resistencia y a la lucha por recuperar la democracia. Ya vendrían nuevos dirigentes, enmarcados en el sistema democrático, a completar la faena.

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