El falso debate que propone Koropeski

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El dueño de Crucero del Norte, Julio Koropeski, anunció días atrás que llevará los principales partidos del equipo colectivero en su debut en la primera división del fútbol argentino, a la ciudad de Resistencia. Allí, en la capital del Chaco, Crucero jugaría contra River e Independiente, dejando al público de Misiones fuera de la fiesta que significaría el regreso a la provincia de dos de los grandes del fútbol nacional.
 
Koropeski es libre de hacer lo que quiera con el club que creó y llevó hasta la máxima categoría del fútbol de nuestro país. Nadie podrá cuestionarle su habilidad para manejar al equipo y hacerlo eficiente, competitivo y ganador. Lo que hizo con Crucero es una verdadera hazaña, pero eso no lo exime de errores ni de caer en un falso debate que es necesario responder.
 
Es que si bien el motivo de la mudanza no es otro que el económico (en Chacho y gracias a la mayor capacidad del estadio de Sarmiento, se podrían recaudar unos 10 millones de pesos más que en el Andrés Guacurarí de Garupá), el presidente colectivero buscó justificarse por otro lado, consciente, quizás, de la mala propaganda que significaría tomar una determinación de este tipo por meros intereses económicos. Para Koropeski el gran problema es que “falta una cultura de la gente de ir a los estadios de fútbol como pasa en otras provincias”, debido a que “la gente de Misiones no es muy apasionada por el fútbol”.
 
De estas palabras se desprende que Koropeski se lleva el equipo al Chaco porque en su provincia no hay “cultura” ni pasión por el deporte que apasiona a los argentinos. Y la verdad es que estas afirmaciones son falsas, es especial porque desconoce tanto la historia del fútbol en la provincia, como la realidad del fútbol no solo en el país, sino en toda la región.
 
Hasta la década de 1980 los estadios del fútbol posadeño estaban repletos de hinchas. Recuerdo haber asistido, con 10 u 11 años, a un Guaraní 3 Deportivo Maipú de Mendoza 1 en medio de una multitud de gente que colmó el Clemente Argentino Fernández de Oliveira. Eran tiempos de los primeros Nacional B y la Franja luchaba por la permanencia, pero ello no obstaba para que la cancha estuviera llena. Y ese mismo escenario de estadio colmado no solo era propio de Posadas, en buena parte del país se reiteraba, independientemente de la categoría en la que jugaran los equipos. ¿Qué pasó entonces? ¿Aquello no era pasión o la pasión se perdió por el camino?
 
La respuesta es múltiple. En primer término, desde 1980 a esta parte asistimos a la desarticulación del fútbol del interior, que fue perdiendo espacio en la medida en que los torneos se concentraron en el área metropolitana de Buenos Aires. Hasta 1985 alcanzaba con ganar el regional para acceder a jugar el viejo Nacional, a partir de allí, hubo que ganar el maratónico torneo del interior para acceder a la segunda categoría, el nuevo torneo Nacional B. De allí, el fútbol del interior solo perdió espacio, con un camino cada vez más complicado que incorporó a los ahora renombrados Federal A, B y C. Solo por citar un caso, en el Federal C suelen inscribirse casi 300 equipos por temporada, mientras que en la Primera D, su similar del área Metropolitana, solo compiten 16 equipos. En síntesis, el fútbol del interior perdió competitividad y con ello resignó recursos, mejores jugadores, mejores espectáculos y, evidentemente, espectadores.
 
Otro fenómeno que afectó mucho la asistencia de público a los estadios es la saturación de partidos televisados. Según el servicio de TV que se tenga se pueden ver hasta una docena de partidos en vivo al mismo tiempo. Hoy vemos el fútbol de España, Italia, Inglaterra, Alemania, Holanda, Francia, Portugal, Brasil, México, más todas las copas internacionales sin movernos de nuestra casa. ¿Cómo hace para competir un partido por la liga posadeña entre Guaraní y Mitre bajo el abrazador sol misionero contra un Barcelona versus Real Madrid en HD, con aire acondicionado y un Martini en la mano?
 
Por último, el fenómeno de las tribunas vacías no es patrimonio exclusivo de Misiones. Ocurre en todo el país e inclusive en Brasil, en donde están pensando seriamente en no abrir más el inmenso Maracaná para partidos a los que asisten menos de 5000 personas. Salvo los equipos grandes de Capital y algunas excepciones en el interior (los dos de Rosario, Colón, Belgrano, por momentos los tucumanos y alguno más) en la mayoría de los casos lo que se observa es tribunas semi llenas (o semi vacías, como se prefiera). No por nada Godoy Cruz de Mendoza, hoy consolidado en la primera división, remodeló su histórico estadio Feliciano Gambarte para abandonar el mundialista que luce siempre a medio llenar cuando juega de local.
 
A mediados de la década de 1950 el promedio de entradas vendidas por partido era de 12.500, en la actualidad, en todas las categorías del fútbol argentino, apenas supera las 900 (Página/12 del 29 de diciembre de 2013). Entonces está claro que no es ausencia de pasión o de cultura futbolera lo que le falta a la población de Misiones. La cuestión pasa por otro lado, pero Koropeski prefirió recurrir a la postura más fácil y cómoda, en vez de plantear un debate serio sobre lo que él pretende para el fútbol de Crucero del Norte como representante en primera de toda una provincia.
 
Por último, parece poco probable que se pueda generar "cultura futbolera" si a la primera oportunidad se llevan el equipo a jugar a otra provincia, bajo un exclusivo afán económico. Además, porque la respuesta la tiene el propio Koropeski al alcance de la mano: que juegue todos los partidos en Resistencia y que lo compruebe con la cantidad de entradas vendidas entre los apasionados chaqueños cuando Crucero enfrente a Arsenal de Sarandí, Sarmiento de Junín, Aldosivi de Mar del Plata, Temperley, etcétera. Si llena la cancha todos los partidos, tendrá razón, si no lo hace, su apotegma resultará falso.

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