Pienso, luego juego al fútbol

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Se suele afirma que la pasión y la razón son incompatibles. Que el territorio de una está vedado para la otra, como si fueron compartimentos estancos del ser humano. En la Argentina, el fútbol es el sinónimo por antonomasia de la pasión, un terreno fértil para acalorados fanatismos, pero en donde la razón escasea. En el fútbol argentino no se piensa, ni adentro ni afuera de la cancha. El vértigo y la intensidad mal entendida en el juego, se traslada a la locura en las tribunas, al patrioterismo en los medios y las mafias en las dirigencias. Hoy por hoy, nuestro fútbol es más una calamidad que un placentero orgullo nacional y parece que nadie se percató que ello es posible porque solo nos relacionamos con el balón pie desde y por la pasión, pero despreciando la posibilidad de reflexionar sobre él.
 
En verdad sí hay alguien que se percató de ello y que desde hace años viene trabajando en forma científica para desentrañar los males del fútbol y poder (hermosa utopía) resolverlos algún día. Esa persona es el sociólogo Pablo Alabarces, que acaba de publicar bajo el sello Aguilar su Héroes, machos y patriotas. El fútbol entre la violencia y los medios.
 
La propuesta de Alabarces es amplia. No solo se trata de desmenuzar la cultura futbolera en el país a partir de lo que podríamos definir como un estudio comparativo con otras experiencias mundiales, en especial el caso británico, sino que, además, se propone algo insólito para nuestro fútbol: es una invitación a pensar sobre el juego de la pelota, el negocio del fútbol y sus distintos actores. ¡¿Pensar el fútbol?! Sí, pensar el fútbol, reflexionar sobre lo que ocurre en la Argentina con la mayor de nuestras pasiones y la forma en la que hemos internalizado ciertas prácticas y modos que son, justamente, las que han pauperizado al espectáculo futbolístico.
 
En la primera parte del libro, el autor desmenuza y analiza al fútbol desde lo cultural y en especial al concepto de “identidad” futbolera, elemento central en la construcción del imaginario auto percibido del hincha argentino. Para Alabarces, “la cultura futbolística está basada en una serie de representaciones bastante cristalizadas, casi inmodificables: por ejemplo, que es una cultura masculina y que está reservada a los hombres”. Por cierto, lo de inmodificable no tiene nada que ver con el grado de perfección de esa representación, sino que, por el contrario, ratifica el escaso razonamiento (repensar las cosas) que impera en la identidad futbolera local.
 
En esa primera parte de Héroes, machos y patriotas, la identidad es abordada a partir de dos aspectos cruciales para el fútbol nacional: por un lado la disyuntiva entre Maradona y Messi, en virtud de la potencialidad de construcciones de argentinidad de una y otra figura, y, por otro lado, la mirada cómplice de los actores del fútbol hacia la experiencia nefasta del Mundial 1978, organizado a metros del mayor centro clandestino de detención y exterminio, la ESMA. Con maestría, en solo dos temáticas futboleras Alabraces nos hace rePENSAR nuestra propia cosmovisión futbolera.
Pablo Alabarces
 
La segunda parte se adentra en un tema clave para el fútbol actual, el de la violencia. Para Alabarces no hay dudas de que el fenómeno de la violencia se vincula con la “cultura del aguante”, esa forma tan particular de entender el rol de hinchas que adoptamos los argentinos allá por los años ‘80, pero especialmente en los ’90, cuando el barrabrava se transformó casi en un referente mediático.
 
Alabarces no lo dice, pero bueno es mencionarlo. Se suele afirmar que la violencia en el fútbol es un reflejo de la sociedad, algo que es absolutamente falso. Basta que asistir a una carrera de Turismo Carretera, que moviliza a miles de personas fanáticas de Ford, Chevrolet, Dodge o Torino, ara confirmar que se puede ser apasionado y no terminar a las trompadas (o pero, a los tiros) con el que tiene una pasión diferente a la mía.
 
Con enorme mérito, el autor no se queda en un reclamo retórico. Produce un diagnóstico preciso, en donde encuentra aspectos simbólicos, organizativos, estructurales, periodísticos, etcétera para explicar la violencia, pero además acerca una propuesta de solución. Una vez más, nos está invitando a pensar las alternativas para salir del actual atolladero de complicidades y mafias enquistadas en los clubes. Entre las propuestas hay algunas bien radicales, como intervenir la AFA y los clubes que hagan falta, pero también hay otras simbólicas, como desterrar la cultura del aguante y suplantarla por una “cultura de la fiesta”, una invitación a recuperar lo mejor de la pasión argentina y ponerla al servicio de la convivencia y la tolerancia.
 
Para el cierre, Alabarces la emprende contra la enorme corporación mediática de periodistas deportivos, con el diario Olé a la cabeza, a la que define como “la leyenda de Atila: el césped no puede volver a crecer”. En este rubro, no deja títere con cabeza. Desde el operador serial Horacio Pagani hasta el patrioterismo de los relatores de Fútbol Para Todos, son escasos los que se libran del análisis crítico de Alabarces. Y la verdad, uno que suele transitar por esos espacios futboleros no puede más que darle la razón. El periodismo deportivo es, sin lugar a dudas, una de las peores cosas que tiene el fútbol argentino.
 
Héroes, machos y patriotas es un libro fundamental para todos aquellos que aman el fútbol y que entrevén que algo anda mal. Para los crédulos que creen que esto es una fiesta, su lectura resulta indispensable y es urgente. Como dice el autor en el epílogo: “Democratización supone la radicalidad de que los y las hinchas asumamos nuestra condición de propietarios, no de destinatarios. El fútbol es nuestro apenas se lo hemos prestado, desafortunadamente, a ciertas estructuras que nos han traicionado en su administración”. Para recuperarlo no hay que aguantar los trapos como propone la cultura del aguante, hay que parar la pelota, levantar la cabeza y pensar, pensar la jugada.
 
Ah, me olvidaba, gracias Pablo por esta invitación a hacer lo único que no hacemos los argentinos con nuestro fútbol: pensarlo.
 
 
En Posadas, Librería Tras Los Pasos, Rioja 1945 entre Colón y San Lorenzo o local del Posadas Plaza Shopping.
 

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