Un pueblo llamado Juan Domingo Perón

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Siempre me llamó la atención que la toponomástica misionera homenajeara a tantos personajes destacados de las filas de la Unión Cívica Radical y, al mismo tiempo, no existiera ningún pueblo, colonia o paraje que recordara al principal referente del partido Justicialista, el tres veces presidente constitucional Juan Domingo Perón. La ausencia de una referencia en el espacio público hacia Perón tiene su explicación y sirve, una vez más, para revisar y repensar nuestro pasado como misioneros y la forma en la que nos han contado el tiempo pretérito.
 
En Misiones tenemos ciudades como Leandro N. Alem, fundador de la UCR en tiempos revolucionarios de armas tomar o Aristóbulo del Valle, otro de los creadores del histórico partido. También hay pueblos o colonias, como Hipólito Yrigoyen, quizás la figura emblemática del radicalismo en su historia, y hasta don Arturo Illia tiene su merecido homenaje en la toponia local. Pero Perón, no.
 
Y es llamativo que a nadie nunca se le haya ocurrido denominar a algún pueblo, paraje o colonia con el nombre de una personalidad tan destacada de nuestra historia. No solo por el significado que Perón tuvo para el país, más bien por haber sido el que impulsó la ley de provincialización de Misiones, un viejo anhelo de los misioneros que recién se alcanzó en 1953. Y eso que antes de esa fecha se habían presentado ¡¡39 proyectos!! Muchos de ellos en tiempos de gobiernos radicales. Pero ni así, ni siquiera como muestra de gratitud hacia el presidente que había hecho realidad el sueño provincialista de los misioneros se estableció un paraje Perón.
 
Ahora ¿a nadie nunca se le ocurrió llamar a algún pueblo como Perón? Claro que sí se les ocurrió. En 1954 surgió el municipio de Juan Domingo Perón con sede en lo que por entonces era Puerto Menocchio, en el departamento San Ignacio y a poca distancia de Jardín América. Eran tiempos fundacionales para Misiones, que pronto tendría su primera constitución, su primer gobernador electo democráticamente y su escudo provincial.
 
En septiembre de 1955 la revolución Libertadora (o Fusiladora, por la masacre de José León Suárez) derrocó a Perón y pretendió borrar de la historia al justicialismo, sus logros y a su líder. De inmediato se derrumbaron los bustos que lo homenajeaban tanto a él como a su esposa, María Eva Duarte, Evita. También se derogaron todas las constituciones de tipo social, desde la nacional de 1949 hasta la de Misiones, de 1954. Con el mismo criterio se ocultó la existencia de un escudo provincial y en 1959 el interventor federal César Napoleón Ayrault creó otro. Siguiendo la misma lógica, al pueblo Juan Domingo Perón se le cambió el nombre y se lo reemplazó por General Urquiza, un homenaje al entrerriano que había derrocado al primer tirano maldito, Juan Manuel de Rosas.
 
Una vez más, la apropiación del espacio público no resulta inofensiva, sino que se constituye en una arma creadora de símbolos políticos. Esos símbolos, por cierto, podían reflejar al panteón completo de próceres radicales, pero debía ocultar al de aquellos referentes nacionales y populares que, entre otras pequeñeces, habían provincializado Misiones.
 
La reflexión final tiene que ver con comenzar a cuestionar nuestro pasado provincial, para resignificar el presente mediante una nueva apropiación del espacio público que sea capaz de reflejar los actuales tiempos democráticos, nacionales y populares. De lo contrario, seguiremos desconociendo la existencia de una constitución, de un escudo y hasta de un pueblo llamado Perón.

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