Las urnas frenaron la restauración conservadora

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Hace un tiempo atrás, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, había manifestado su preocupación frente a lo que denominó como la “restauración conservadora”, el intento de los grupos concentrados de retomar el control de los Estados en América Latina. Una muestra de ello, decía, era el notorio freno en el proceso de integración regional que se produjo a la muerte de Néstor Kirchner y de Hugo Chávez. La preocupación es real, tanto como el embate que sufren los gobiernos progresistas de la región, por parte de los grupos financieros neoliberales y de los grandes monopolios de la comunicación.

Frente a este intento restaurador del orden conservador-neoliberal, la única alternativa es la participación popular y la profundización de las políticas de inclusión, desarrollo y distribución de la riqueza. El pueblo, en ese sentido, ha dado muestras concretas de su compromiso por sostener los actuales procesos de transformación en varios países de la región. Con solo repasar los resultados electorales desde el 2013 a esta parte, podemos aseverar que las urnas le pusieron un freno a la restauración conservadora.
  
Repasamos brevemente:
  
·         El 17 de febrero de 2013, el propio Correa fue reelecto con el 57,17 por ciento de los votos y gobernará su país hasta el 2020.
  
·         El 14 de abril de ese año, Nicolás Maduro debió afrontar la dura prueba electoral post muerte de Chávez y lo hizo con una ajustada victoria con el 50,6 por ciento de los votos. Ahora deberá completar el mandato de Chávez en Venezuela hasta el 2018.
 
·         El 15 de diciembre de 2013, Michelle Bachelet obtuvo 62,1 por ciento de los votos en el balotaje y gobernará Chile hasta el 2018.
 
·         El pasado 12 de octubre, Evo Morales arrasó con el 60 por ciento de los votos y seguirá al frente de Bolivia hasta el 2020.
 
·         El fin de semana pasado, Dilma Rousseff superó una feroz campaña mediática en su contra y con el 52 por ciento de los sufragios aseguró un nuevo mandato del PT en Brasil, el que se extenderá hasta el 2019.

·         El mismo día, en el Uruguay, Tabaré Vásquez ganó con notoria contundencia en la primera vuelta y se descuenta un triunfo del Frente Amplio en el balotaje. De esta forma, Tabaré gobernará hasta el 2020.

·         Por último, nuestro país se apresta a las elecciones 2015, en las que por primera vez desde el 2003 no habrá en Kirchner en las boletas. Frente a esto, muchos auguran un fin de ciclo, pese a que las encuestas no solo ratifican el apoyo popular hacia las políticas del gobierno, sino que muestran una imagen positiva de la presidenta Cristina Fernández que supera el 40 por ciento, muy por encima del de cualquier otro actor político local. En definitiva, lo único que le falta al Frente para la Victoria es encontrar el candidato que logre unificar sus fuerzas y el triunfo electoral estará garantizado.
 
Lo que se pretende con este repaso, es dejar demostrado que frente a cualquier intento de reconstituir el poder neoliberal en la región, hay un freno determinante: la voluntad popular. De hecho, en los únicos lugares en donde la restauración conservadora tuvo éxito, fue por fuera de las vías democráticas, como en Honduras y Paraguay.
 
Frente a este panorama, hay cuatro conclusiones básicas:
 
·         La primera, que está muy claro que hablar de fin de ciclo (en la Argentina o en la región) es más un deseo de los grupos dominantes que una realidad palpable en términos político-sociales.
 
·         En segundo lugar, que desde la perspectiva del campo popular está garantizado el apoyo a las políticas de corte progresista y revolucionario que se han adoptado en la región en los últimos 15 años, tal como lo demuestran los resultados electorales.
 
·         Tercero, que para los grupos concentrados la única vía de acción para retomar el control político de los Estados es mediante la desestabilización económica, las campañas mediáticas y todo tipo de ardid tendiente a generar el descontento social en el cual poder montarse para forzar salidas anticipadas o cambios de escenario. Ante la inevitabilidad de la derrota electoral, estos sectores actuarán cada más con mayor violencia y desesperación.
 
·         Por último, que este acompañamiento popular en las urnas debe ser traducido por los gobierno en la profundización de las transformaciones. América Latina tiene un lustro por delante en el que debe consolidar su crecimiento, pero también en el que debe modificar, de una vez y para siempre, la matriz de desigualdad que caracteriza a nuestras sociedades.
 
Reformas políticas y judiciales, lucha contra la corrupción, desmonopolización de las economías, integración a gran escala y generación de puestos de trabajo genuino, son los desafíos que afrontan estas administraciones. De su éxito, depende el futuro de América Latina.

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