La bandera de Posadas es discriminatoria

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El municipio de Posadas ya tiene una bandera que lo identifique. Y esa bandera, lamentablemente, es discriminatoria. La enseña incluye una cruz católica en el centro de su diseño y deja afuera de su representatividad a miles de posadeños que no profesan el culto católico, ya sea porque tienen otro (judíos, budistas, hindúes, paganos, taoístas, musulmanes, espiritistas, umbandas, mandeístas, yainistas y un largo etcétera) o porque directamente no tienen ninguno, como el que esto firma.
 
La discusión sobre la iglesia católica y su valor para la sociedad ya es cansador. Como aburre tener que aclarar que la crítica hacia esta institución genocida, conservadora, oscurantista y multimillonaria no implica ni una burla ni un cuestionamiento hacia la fe de los creyentes. El problema es el autoritarismo con el que se pretende homogeneizar a una sociedad cuya característica saliente es la diversidad. Que la mayoría de la población diga porfesar el catolicismo (por más que no lo practiquen jamás, ni asistiendo a misa y mucho menos siguiendo los preceptos de Jesús), no quiere decir que todos lo seamos.
 
Desde el mismo momento en que se dio a conocer al diseño ganador, surgió la polémica por el acto discriminatorio. Y al respecto surgieron dos respuestas desde el gestor de la idea, el concejal Christian Humada. La primera tiene que ver con que siempre hay gente que queda descontenta y la segunda es el espíritu democrático que tuvo la elección, debido a que la bandera ganadora obtuvo 9000 votos para su consagración. Bueno, ambos argumentos son falsos. Veamos por qué.
 
En primer término, no es que alguien quedó descontento porque no le gustaron los colores, el diseño le pareció sobrecargado o carente de simbología posadeña. No, la crítica es porque hay gente (mucha, por cierto) que se siente discriminada por la bandera católica. Parece una nimiedad, pero no lo es. Si el símbolo que debe representar a todos los posadeños (porque debemos suponer que ese fue el espíritu de la convocatoria) genera una sensación discriminatoria en parte de los posadeños, es porque algo está mal.
 
En segundo lugar, el carácter democrático de la consulta es más que relativo. De las 185 propuestas (he visto algunas que eran mucho mejores que la elegida) la selección de las tres banderas finalistas la realizó un comité asesor integrado por 14 personas. No parece ser una selección muy democrática que digamos. Y allí radica la crítica más importante. El comité debió filtrar todos los diseños que pudieran ser tachados de imparciales, tendenciosos o generar una sensación de discriminación en algún sector de la ciudadanía. En otras palabras, no se debió seleccionar como finalista a la bandera con la cruz católica, como no se debía seleccionar a una que tuviera la estrella de David, la esvástica nazi o el escudo de Guaraní Antonio Franco.
 
Pero el colmo del argumento es llamar democrático a un proceso en el que la bandera seleccionada reunió ¡¡¡9.000 votos!!! Posadas tiene un padrón que supera los 200.000 electores, por lo que la bandera que flameará en el aire de nuestra ciudad capital fue elegida (“democráticamente”) por menos del 5 por ciento de la población. ¿Más claro? En una elección común, esa bandera no llega ni a concejal.
 
El Concejo Delibertante, el intendente municipal y hasta el propio gobernador si fuera necesario, están a tiempo de enmendar el error. Solo necesitan reconocerlo. Entender que el culto de ellos no es el de todos, pero que la ciudad y sus símbolos sí lo son. Ojalá lo hagan, por lo menos para que aquellos que la vemos de afuera dejemos de pensar, por un momento, que el catolicismo es una religión autoritario.

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