La masacre del puente y el fin de una era

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Hay hechos en la historia que marcan el fin de una era. En la Argentina, muchos de esos cambios se producen a partir de algún hecho de violencia que cierra un ciclo histórico y que expresa el carácter violento de los sectores de derecha que jamás aceptaron las decisiones de las mayorías. El fin y la caída del neoliberalismo no podía ser de otra manera, ocurrió luego de la masacre del puente que le puso fin a una era.

El neoliberalismo comenzó a caer en aquella pueblada del 19 y 20 de diciembre de 2001, que acabaron con el vergonzoso gobierno de la Alianza de Fernando De la Rúa. En aquella oportunidad, se registraron decenas de muertos, heridos y detenidos, a partir de una feroz represión ordenada por el gobierno en retirada.

Durante el año nuevo de ese año, se sucedieron cinco presidentes en dos semanas, hasta que Eduardo Duhalde fue designado por la Asamblea Legislativa para asumir la presidencia de la Nación y completar el mandato de De la Rúa hasta diciembre de 2003.

El gobierno de Duahlde decretó el fin de la convertibilidad y la pesificación, mientras mantuvo una serie de políticas propias del neoliberalismo decadente. Frente a este panorama de descomposición social, las protestas populares continuaron sin detenerse. Los piquetes, aquel fenómeno de lucha nacido en los 90, continuaron con gran vigencia en una Argentina con millones de pobres y desocupados.

Desde que Duhalde asumió la presidencia, la represión sobre los piqueteros se había intensificado, con varios heridos graves, cientos de detenidos y la muerte del compañero Javier Barrionuevo en Esteban Echeverría. Por eso, para la protesta convocada en el Puente Pueyrredón para el 26 de junio, se habían considerado detenidamente la cuestión de seguridad de los manifestantes. Para Darío Santillán, del MTD Aníbal Verón, este era un aspecto central de las movilizaciones.

Esa mañana, diferentes grupos de desocupados fueron llegando a la zona de Avellaneda que limita con la Capital Federal y a la que está unida por el Puente Pueyrredón. A las 11.40, unos 700 integrantes de la agrupación Aníbal Verón, partieron desde la estación de Avellaneda rumbo a la cabecera del puente, que se pretendía cortar. A su alrededor, había unos 450 integrantes de todas las fuerzas de seguridad: policía Federal, policía Bonaerense, Gendarmería Nacional y Prefectura.

A las 11.54, la columna de la Aníbal Verón llegó a la cabecera del puente y logró interrumpir el tránsito. El corte duró apenas cinco minutos, momento en que se desató sobre ellos una feroz represión y una cacería humana liderada por el comisario Alfredo Fanchiotti. A Maximiliano Kosteki, que había llegado con un grupo de desocupados desde Guernica, lo hirieron cerca del supermercado Carrefour, cuando lanzaba piedras con una gomera para contener el ataque policial y permitir el repliegue de sus compañeros. Varios de ellos lo condujeron hacia la estación de Avellaneda. Allí, lo encontró Darío Santillán, que había regresado para apoyar a sus compañeros que escapaban de la masacre. Con voz firme, le ordenó a todos que se retiraran de la estación, mientras él permaneció junto a un agonizante Maximiliano. En aquel momento, ingresó Fanchiotti en compañía de sus ayudantes, los que obligaron a Darío a levantarse y abandonar a Maxi. Ni bien Darío se paró y caminó unos pasos, le pusieron un disparo de perdigones en la espalda que lo tiró casi fulminado.

Hoy se cumplen 12 años de aquella masacre, la masacre de Avellaneda. Maxi y Darío viven en nosotros para recordarnos aquel pasado al que no queremos volver, porque la masacre del puente, le puso fin a una etapa nefasta de nuestra historia.

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