La memoria

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La memoria es aquello que nos recuerda el principio, que nos dice lo que somos y de dónde venimos. La memoria es la forma que tienen las sociedades de recordarse a sí mismas, de mantenerse vivas, inclusive ante un recuerdo de muerte y horror.

La memoria es fuego, es agua, es ardor… la memoria son gemidos y son gritos. La memoria es un dolor grande que tenemos todos los argentinos. La memoria, también, es una inmensa esperanza que se sustenta en el mayor de nuestros recuerdos: el recuerdo de todos y cada uno de los 30.000 compañeros masacrados durante la noche triste de la dictadura cívico-religiosa-militar.

La memoria son las imágenes, los instantes de un pasado vivido y sentido. La memoria somos todas y todos. La memoria somos cada uno de nosotros. La memoria tiene nombre y apellido, como también lo tienen todos y cada uno de nuestros compañeros caídos. Caídos, pero no vencidos.

La memoria se llama Juan Figueredo, el maestro fundador de escuelas que llegó a representante del pueblo de Misiones gracias a su militancia, su solidaridad y su convicción peronista. La memoria se llama Pedro Peczak, el agricultor misionero que fue la cabeza ideológica de las luchas agrarias en los ’70, la de aquellos pequeños productores que soñaron que la tierra es para quien la trabaja y que el resultado de ese trabajo debía ser suficiente para garantizar la subsistencia de su familia.  La memoria se llama Anselmo y Vladimiro Hippler, los hermanos puertorriqueños que militaron en el Movimiento Agrario Misionero desde sus orígenes. La memoria se llama Miguel “Gato” Sánchez, el jovensísimo militante de la Unión de Estudiantes Secundarios, agrupación juvenil que se transformó en uno de los blancos predilectos del aparato represivo.

La memoria se llama Manuel Parodi Ocampo, Carlos Tereszecuk, Luis Franzen y Carlos Duarte, los misioneros asesinados en la Masacre de Margarita Belén, aquel triste 13 de diciembre de 1976, aquel día guardado en la memoria.

La memoria se llama Félix Escobar, el joven de Montecarlo que con enorme esfuerzo familiar se había ido a estudiar a La Plata, en donde fue secuestrado, asesinado y desaparecido hasta que la incansable lucha de su madre Adolfina  lo encontró, para sepultarlo en su ciudad natal, que lo tendrá por siempre en su memoria.

La memoria también son los vivos, los sobrevivientes. La memoria son aquellos compañeros que pudieron burlar a la muerte, superar el dolor y las torturas, resistir. RESISTIR. La memoria son ellos, ellos son la memoria a cada instante. Ellos son y están vivos, porque los verdugos pretendieron que sirvieran como memoria del terror y como ejemplo de lo que podría volver a ocurrir con todos aquellos que soñaran con un mundo mejor. Ellos son y están vivos, porque resistieron y hoy son memoria colectiva, pero no del terror que paraliza, sino la memoria viva de una certeza que crece:  NO NOS HAN VENCIDO!!!!

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