El revolucionario fundador de la UCR: Leandro Alem

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Con el paso del tiempo, la Unión Cívica Radical se fue transformando en un partido de tono conservador y cuyas aristas progresistas quedaron reducidas a mínimas y puntuales posiciones políticas. Esta actualidad, por cierto, dista mucho de la impronta revolucionaria y radical con la que su fundador, Leandro Alem, dotó al partido en sus orígenes, acaecidos a fines del siglo XIX.

Leandro Antonio Alén nació el 11 de marzo de 1842 en el seno de una familia humilde y de militancia federal. Su homónimo padre fue miembro del partido rosista e integrante de la mazorca, la fuerza parapolicial que actuó durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Al ser depuesto este último, la venganza se ciñó contra los rosistas, muchos de los cuales fueron asesinados sin mayor trámite. Uno de los ajusticiados fue Leandro Alén (padre), que fue ahorcado en lo que por entonces era la plaza Monserrat. Su joven hijo presenció la muerte de su padre y aquel hecho marcó su vida.

Luego de aquel acontecimiento, Leandro modificó su nombre, al adoptar la N como inicial de segundo nombre y al cambiar la N por la M en su apellido, quedando así el Leandro N. Alem con el que se lo conoce.

Tuvo un paso por el ejército durante la guerra del Paraguay y con posterioridad fue diplomático en aquel país y el Brasil. A su regreso a Buenos Aires, completó los estudios de abogacía y formó dupla como letrados junto a Aristóbulo del Valle. Su ingreso a la política sería en el Partido Autonomista, de Adolfo Alsina, en donde militaría hasta 1874 cuando éste decidiera aliarse con Bartolomé Mitre, representante de los sectores oligárquicos y antipopulares.

Luego de aquella frustración, Alem retornaría con ímpetu a la política a fines de la década de 1880, momento en el cual la Argentina avanzaba hacia una profunda crisis económica, política y social que eclosionaría en 1890. El primero de septiembre de 1889, en el Jardín Florida, se conformó la Unión Cívica de la Juventud, una variopinta agrupación política que reunía a numerosos jóvenes con políticas de vieja tradición, como Bernardo de Irigoyen, Aristóbulo del Valle, Mitre y el propio Alem.

A todo esto, la situación del país era calamitosa, con un sistema financiera al borde del colapso y con el presidente Miguel Juárez Celman aislado en términos políticos. Fiel a su vocación revolucionaria, Alem organizó una revuelta armada que pudiera acabar no solo con el gobierno de Juárez Celman, sino también con la preeminencia del Partido Autonomista Nacional de Julio Roca.

El 26 de julio de 1890 estalló la Revolución del Parque, en referencia al parque de artillería, epicentro de las acciones. En la madrugada, Alem encabezó una fuerza que tomó el parque, ubicado en plaza Lavalle, en donde hoy se levanta el palacio de Justicia. Como jefe militar fue designado el general Manuel Campos, quien se desvió del plan original que contemplaba avanzar sobre casa de gobierno. Todo indica que Campos habría acordado con Roca permanecer inmóvil en el Parque, de forma tal de generar la caída del presidente pero sin asegurarle el triunfo al bando de Alem.

Lo cierto es que durante tres días se registraron combates en la ciudad de Buenos Aires entre los rebeldes y las fuerzas gubernamentales. Sin posibilidad de triunfo, el 29 los hombres de Alem se entregaron. No había vencido del todo, pero tampoco habían sido derrotados con claridad. Juárez Celman debió renunciar y el PAN continuó en el poder.

La revolución del Parque ahondó las diferencias dentro de la Unión Cívica, que concluyeron en división en 1891 cuando Mitre pactó con Roca, algo inconcebible para Alem y los suyos. De esta forma el 26 de junio de 1891 nació un nuevo y hoy tradicional partido político en la Argentina: la Unión Cívica Radical.

Los años finales del siglo XIX nos muestra a una UCR de armas tomar, con revoluciones armadas en 1893 y 1895, ambas derrotadas. A esa altura, la figura prominente en el partido, en especial en la provincia de Buenos Aires, era Hipólito Yrigoyen, sobrino de Alem, con quien empezó a tener visiones contrarias en cuanto al camino que debía seguir el partido.

El primero de julio de 1896, Alem convocó a un grupo de amigos a su casa. Cuando estos estuvieron reunidos, el anfitrión salió en su carruaje con la promesa de un pronto regreso; algo que nunca ocurrió. Durante el paseo, Alem se pegó un tiro en la sien. En su dormitorio había dejado una nota, considerada su testamento político, el que comienza con una frase que ha sido todo un símbolo para el radicalismo: “He terminado mi carrera, he concluido mi misión. Para vivir estéril, inútil y deprimido, es preferible morir. ¡Sí, que se rompa, pero que no se doble!”

A lo largo de la historia la UCR se rompió, se dobló y parece haber olvidado su origen revolucionario y armado. Pero allí está el recuerdo de Alem, para mantener vivo el fuego sagrado del centenario partido radical.

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