Los orígenes de la pasión nacional

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"El público es malo e injusto.
No puedo admitir que un sujeto que paga para ver un partido
se crea con el derecho de ocuparse de mi familia groseramente"
Luis Weihmuller, jugador de la selección argentina de 1928

El fútbol es la pasión nacional. Hasta para sus detractores –que en la Argentina son minoría-, el deporte del balompié es un fenómeno omnipresente. Todo el tiempo, en todos los ámbitos de sociabilidad, se habla y se opina sobre fútbol. En este país se suele decir que todos somos técnicos y/o jugadores frustrados, en definitiva, constituimos una masa enorme de especialistas que amamos, en forma un tanto irracional, a esta práctica de patear una pelota para insertarla en el arco rival. Pese a tamaña pasión futbolera, es llamativamente escaso el conocimiento real que muchos tienen sobre el fútbol, ya sea sobre su reglamento, sobre la historia de los clubes o sobre el origen de la práctica del deporte en el país. Para saldar en parte este vacío, llega Historia social del fútbol, minuciosa investigación realizada por Julio Frydenberg y editado por Siglo Veintiuno.

La obra recorre las primeras décadas de vida del fútbol en la Argentina, desde su desembarco en el país de la mano de las escuelas británicas hasta la profesionalización en 1930. Como su nombre lo indica, se trata de una investigación que profundiza en las relaciones sociales que generó la práctica del fútbol y su institucionalización. No se detiene tanto en las características del juego, sino en la forma en que el juego define, modifica e impone conductas sociales, así como estas dotan de un sentido muy particular (y argentino, claro está) a este deporte reglamentado por los británicos.

Mediante un rastrillaje sociológico, Frydenberg reconstruye el origen del fútbol como ideal de sportivismo, esto es, una práctica en donde lo prioritario era el fair play y los valores atléticos por sobre el resultado en sí mismo. Aquellas escuelas inglesas que adoptaron el fútbol, lo hicieron con el objetivo de que sirviera en la formación ética de sus alumnos. Y aquí viene lo más interesante, ya que el autor profundiza en el particular proceso de masificación y popularización del fútbol, ese intangible límite que hizo de una práctica propia de las elites, el más popular y difundido deporte en la Argentina.

A partir de las crónicas de la época, Frydenberg concluye que “el fútbol fue integrándose a un conjunto de nuevas experiencias de sociabilidad, en este caso asociadas solo a la juventud masculina. La adopción de la práctica futbolística por los jóvenes de los sectores populares quedó indisolublemente ligada al esparcimiento, junto a experiencias que iban más allá de la mera utilización del tiempo libre. El fútbol fue (…) un compromiso corporal y afectivo mayor, cuya práctica e identidad se forjaron en torno a los lugares de residencia, trabajo o educación de sus practicantes”.

El fútbol se hizo popular, en consecuencia, cuando adoptó a la “calle como su espacio primordial”. El famoso potrero fue el escenario que permitió masificar su práctica y democratizarlo, al permitir que todos pudieran jugarlo en tanto y en cuanto la calle es un espacio libre y sin restricciones. Este fenómeno generó otra de las particularidades del fútbol y que sobre las cuales el autor se detiene: la estrecha vinculación entre fútbol y el barrio. Ambos espacios de socialización se retroalimentaron de forma tal, que son muchas las barriadas del área Metropolitana cuya identidad está íntimamente ligada al club del barrio.

Otros aspectos centrales que coadyuvaron a la masificación del fútbol, fueron los medios de comunicación, en especial a partir de las décadas de 1910 y 1920, como así también la consolidación del fútbol como espectáculo al que los espectadores podían asistir como si se tratara de una obra de teatro. En este sentido, la aparición del colectivo en 1928 facilitó el acceso del público futbolero a los estadios, muchos de ellos alejados de las zonas céntricas.

Otra dimensión interesante de Historia social del fútbol, es que al leerlo uno tiene la sensación de estar recorriendo el presente del fútbol nacional. Fenómenos que se consideran actuales, como los de la violencia, ciertos desmanejos dirigenciales o la manipulación informativa de la prensa, están presentes en nuestro fútbol desde sus orígenes. La declaración que encabeza esta nota, proferida por Luis Weihmuller, nada menos que un ganador de medalla plateada en los Juegos Olímipicos de 1928, es un fiel reflejo de que algunas conductas impropias del público aún perduran. Quizás la diferencia radique en que Weihmuller se quejaba del público que lo insultaba, mientras que hoy el insulto parece naturalizado por los propios protagonistas, bajo la premisa (falsa) que el espectador pagó la entrada y tiene derecho a insultar.

En suma, la obra de Frydenberg es de lectura obligada para aquellos que dicen ser apasionados por el fútbol (o sea, este libro debería tener millones de lectores en todo el país). Es una obra que nos acerca a los orígenes de la práctica en el país, pero fundamentalmente al momento en que comenzó a transformarse en lo que hoy es: una verdadera y extendida pasión nacional.

Ficha técnica:
Páginas: 304
Tamaño: 21 x 14
ISBN: 978-987-629-169-9
Fecha de publicación: Noviembre de 2013
Precio: 138 pesos
En Posadas: Librería Tras Los Pasos, Rioja entre Colón y San Lorenzo

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