El triunfo definitivo del gran Lautaro

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La invasión europea de América no fue ni un encuentro ni un paseo para los conquistadores. En numerosas regiones del continente se registraron fenómenos de resistencia, algunos de los cuales, incluso, no pudieron ser controlados hasta después de la independencia y la creación de los modernos Estados nacionales, a fines del siglo XIX. Uno de los casos más famosos de resistencia fue el del cacique mapuche Lautaro, el que al frente de sus tropas logró la trascendental victoria de Marihueñu, el 26 de febrero de 1554.

Siendo un niño, Lautaro fue capturado por los españoles y puesto al servicio personal de Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile. Junto a los invasores, Lautaro aprendió a dominar y utilizar el caballo, además de conocer en detalle el uso de las armas de fuego y las tácticas militares utilizadas por los españoles. Todo este conocimiento sería clave para que los pueblos originarios del sur de Chile pudieran confrontar al enemigo en igualdad de condiciones.

A fines de la década de 1540, Valdivia inició la guerra de Arauco, que contemplaba la expansión española sobre la región sur de Chile, poblada por miles de aborígenes que le ofrecieron resistencia. En esas primeras batallas, Lautaro conoció la violencia y el enfermizo afán de oro que tenían los conquistadores. Cientos de sus hermanos fueron masacrados bajo el yugo de la espada de Valdivia y la cruz de los católicos.

En torno a 1552, Lautaro abandonó a los españoles y se presentó ante los caciques mapuches para ofrecer sus conocimientos militares. Durante más de un año se dedicó a entrenar a los soldados nativos en el manejo del caballo y las tácticas militares. En diciembre de 1553 los dueños de la tierra obtuvieron el enorme triunfo de Tucapel, al vencer y capturar al propio Valdivia, cuya calavera conservaron como un trofeo de guerra.

Luego de Tucapel, las fuerzas invasores fueron puestas al mando de Francisco de Villagra, quien se dirigió hacia el sur para vengar la muerte de su colega. Al mando de unos 200 españoles y unos 2000 indios yanaconas, Villagra se internó en la espesa senda que conduce a los altos de Marihueñu. Allí lo esperaba Lautaro con sus escuadrones de guerreros nativos. Al amanecer del 26 de febrero de 1554 se inició el combate, que duró más de cuatro horas con un desarrollo idéntico durante toda la acción: los nativos atacando en escuadrones y los españoles sosteniendo su posición con una cerrada defensa. 

Rodeados por todos lados, atacados sin piedad y con numerosos bajas, Villagra dio la orden de retirada, empresa que se hizo muy dificultosa debido a que Lautaro había cortado todas las vías de escape. Apenas 66 españoles lograron escapar aquel día en la batalla de Marihueñu, el combate que significó el triunfo definitivo de Lautaro, el que pocos días después atacó y destruyó Concepción. De esta forma, la resistencia mapuche había logrado frenar el embate de los invasores españoles. Su líder, Lautaro, se convertiría en un mito y una leyenda de la resistencia americana ante la conquista, un mito que aún perdura y    que hoy, aniversario de su triunfo de Marihueñu, bien vale la pela recordar.

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