El viejo Gasómetro, otra víctima de la dictadura

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La última dictadura militar dejó un doloroso tendal de víctimas, de muertos, de torturados, de desaparecidos y de desesperanzados. Nadie ni nada se salvó de la voracidad asesina de los genocidas del proceso, ni siquiera un estadio de fútbol, el del San Lorenzo de Almagro, el mítico viejo Gasómetro de Boedo, en cuyo verde césped se jugó el último partido un día como hoy, 2 de diciembre, pero de 1979, el último partido en el Gasómetro, otra víctima de la dictadura.

Desde el mismo momento de su construcción, en 1929, el Gasómetro se transformó en uno de los principales templos del fútbol argentino. Allí se registraron grandes y hermosas páginas del deporte más popular en nuestro país. San Lorenzo, quizás el club de barrio más popular de la Argentina, vivió sus horas más gloriosas en aquel estadio. Figuras como Isidro Langara, René Pontoni, Rinaldo Martino, el Nene Sanfilipo, Héctor Veira, el gringo Scota y el misionero Lobo Fisher.

Equipos sensacionales de San Lorenzo, pasearon su fútbol por aquella cancha, como los Carasucias de 1964 y los Matadores de 1968, primer campeón invicto del fútbol argentino, en una época en donde se jugaban torneos largos de 38 fechas.

El viejo Gasómetro fue, durante décadas, el escenario para la selección nacional, debido a su ubicación y a su extraordinaria capacidad, más de 70.000 espectadores. Allí la selección jugó 25 partidos por la Copa América, incluyendo las finales ganadas por la Argentina en 1929, contra Uruguay y en 1937, contra Brasil. Sólo el estadio Monumental de Núñez recibió más partidos oficiales de la selección.

Pero un día llegó la dictadura. Desde años antes que San Lorenzo tenía profundos problemas institucionales y económicos, con una dirigencia de escaso vuelo. Desde la asunción como intendente de Osvaldo Cacciatore, nombrado por los militares, que la intendencia local puso el ojo sobre el extraordinario negocio inmobiliario que significaban los terrenos que ocupaba el viejo Gasómetro. En 1979, y bajo el pueril argumento de un reordenamiento urbano que implicaba la apertura de dos calles, es que se decidió la expropiación del lugar. Una sociedad fantasma, creada para la ocasión, le compró al club el terreno en ridículos 900.000 dólares. Así se consumó el ultraje y el despojo.

El 2 de diciembre de 1979, San Lorenzo jugó allí su último partido. Se trató de un aburrido 0 a 0 frente a Boca. Los azulgranas pasarían 14 años peregrinando por otros estadios, hasta la apertura del nuevo Gasómetro, ubicado en el Bajo Flores.

Claro que esta historia aún no terminó, como si fueran las abuelas y las madres de plaza de Mayo, los hinchas de San Lorenzo reclaman la restitución de su propia víctima y que los terrenos, que hoy ocupa un supermercado multinacional, regresen a sus verdaderos dueños, los hinchas del Ciclón. De esta forma, buscan rescatar la memoria, la memoria del Viejo Gasómetro, otra víctima de la dictadura.

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