20 de diciembre: el primer triunfo del argentinazo

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Foto: Enrique García Medina
En la madrugada del 19 al 20 de diciembre de 2001, el pueblo argentino movilizado en las calles había logrado un importante y simbólico avance con la renuncia del superministro de economía Domingo Cavallo, pero la lucha continuaba. La jornada del 20, cargada de violencia, muerte y represión será, también, la del primer triunfo del Argentinazo.

Pese al anuncio de la salida de Cavallo del gabinete, el pueblo continuó en las calles, conscientes de que la derrota final del neoliberalismo demandaría nuevas luchas y, fundamentalmente, una fuerte renovación en los órganos de gobierno. Es por ello que miles de personas permanecieron en Plaza de Mayo al ritmo de las cacerolas y al grito algo anárquico de que se vayan todos. Otros grupos, por su parte, continuaron los cacerolazos frente a la residencia presidencial de Olivos y también frente al palacio del Congreso.

En plena madrugada, y sin que mediaran hechos de violencia previos, la Policía Federal comenzó una feroz represión sobre los manifestantes apostados frente a la casa de gobierno. Fue tan sólo el preludio de lo que sería una jornada luctuosa en el país.

En las primeras horas de la mañana, nuevos grupos de manifestantes se fueron reagrupando en torno a los tres centros de protesta principales, por lo menos en el ámbito capitalino y bonaerense. Una vez más, plaza de Mayo fue el centro de las protestas y el accionar de la policía, lideradas por el secretario de Seguridad, Enrique Mathov, y el jefe de la Policía Federal, Rubén Santos, se tornó violento en extremo.

Por la tarde y como todos los jueves desde 1977, las Madres de Plaza de Mayo se acercaron a la plaza, su plaza, para hacer su tradicional ronda en reclamo de memoria, verdad y justicia. Como una muestra más de la cobardía represiva del gobierno de la Alianza, las fuerzas policiales cargaron con sus caballos contra los pañuelos blancos.

A todo esto, los incidentes se sucedían en otras ciudades del país, en especial en Rosario, Mendoza, Mar del Plata, Córdoba y Neuquén. También continuaron los saqueos y los enfrentamientos entre pobres.

Para el fin de la tarde, el país era un caos y el gobierno se caía a pedazos, empujado por un pueblo enfervorizado que parecía dispuesto a dejar su sangre en el campo de batalla, si es que ello aseguraba la pronta e inmediata salida del presidente Fernando de la Rúa.

A las 18.40 y por cadena nacional, el último presidente radical de nuestra historia habló para anunciarle al país se renuncia indeclinable. El pueblo vivió el mensaje y la renuncia, como un gran triunfo. Estaba claro que la victoria final contra el neoliberalismo estaba aún lejana, pero aquella jornada del 20 diciembre del 2001, se vivió como la que trajo la primera victoria en el marco del argentinazo.

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