19 de diciembre: el argentinazo en marcha

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Las jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001 ya forman parte del acervo social y político del pueblo argentino. En aquellas 48 horas frenéticas, los argentinos fuimos protagonistas de una serie de sucesos extraordinarios, pero previsibles. Previsibles, porque desde mediados de los 90 que la situación social en el país avanzaba hacia un deterioro creciente y, además, porque en las semanas previas al fin de año del 2001, se comenzó a gestar en la base social de la Argentina un sentimiento de rebeldía y repudio generalizado. Ese sentimiento, comenzaría a explotar el miércoles 19 de diciembre, el día en que se puso en marcha el Argentinazo contra el neoliberalismo.

El gobierno de la Alianza liderado por el inútil de Fernando de la Rúa no había cumplido con ninguna de sus promesas de campaña, tan sólo había servido para profundizar algunas de las políticas macroeconómicas impuestas por la dupla Menem-Cavallo en los 90. En especial en todo aquello que tuviera que ver con la precarización y la flexibilización laboral. Ello desembocó en una profunda crisis social, con casi un cuarto de la población activa en condición de desocupado.

Luego de las medidas de comienzos de mes adoptadas por el superministro Domingo Cavallo, la ofuscación social fue en aumento. Ya en los días previos se habían registrado los primeros saqueos a supermercados y comercios en el Gran Rosario, Córdoba y el conurbano bonaerense. Para toda la sociedad, el estallido estaba próximo, menos para el presidente De la Rúa.

Ese miércoles 19 fue vertiginoso. Desde horas tempranas, la población se fue agolpando en torno a los grandes supermercados con la intención de asaltar sobre ellos. En algunos casos, estos ataques fueron organizados por punteros políticos del duhaldismo, pero está claro que se trata de algunos casos y que, en definitiva, ello sólo fue posible por la enorme necesidad que tenía la gente.

La orden de la policía bonaerense fue custodiar las grandes cadenas, como la de los supermercados Coto, mientras que se hizo zona liberada en torno a los pequeños comercios, que fueron arrasados por las masas hambrientas. Muchos comerciantes se defendieron a los tiros. Durante todo el día, la Argentina vivió una guerra de pobres contra pobres que arrojó un saldo de cinco muertos y casi un centenar de heridos de bala y balas de goma.

Por la noche, un desorientado De la Rúa firmó el decreto de su propia sepultura al declarar el estado de sitio en todo el país. En forma automática, las multitudes dejaron de saquear comercios, para dirigir su ira contra el presidente. Cientos, miles, millones de argentinos salieron a las calles con sus cacerolas para repudiar el estado de sitio. Cientos, miles, millones, se dirigieron hacia plaza de Mayo para exigir la renunciar del presidente. Frente a una multitud incontenible, el gobierno debió entregar a su as de espadas, en la madrugada del 20, renunció Cavallo. Esa madrugada se vivió a la expectativa, es que ya estaba en marcha, el argentinazo contra el neoliberalismo.

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