Neoliberalismo en Misiones: La deuda

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El neoliberalismo fue el sistema económico impuesto por las potencias centrales sobre los países periféricos a partir de mediados de la década de 1970. En el ámbito Latinoamericano su consolidación se registró en la década de 1990. En términos generales, consistió en la primarización de las economías locales mediante la absorción del ahorro interno, la desarticulación del aparato productivo y la privatización del sector público. El mecanismo de dominación se completó con un feroz proceso de endeudamiento que sujetó y condicionó cualquier intento de autonomía económica por parte de los países endeudados.
En la Argentina, el neoliberalismo estableció sus condiciones fundamentales durante la última dictadura militar (1976-1983) y alcanzó su apogeo en el gobierno de Carlos Menem (1989-1999). En forma simultánea, la provincia de Misiones también fue escenario para la aplicación de las políticas neoliberales, específicamente durante la gobernación de Federico Ramón Puerta (1991-1999).

Si bien en términos generales el gobierno de Puerta fue una calamidad social para la provincia, la política de endeudamiento desplegada por el ex gobernador menemista generó consecuencias funestas para el desarrollo futuro de Misiones. En este artículo veremos los lineamientos más importantes del endeudamiento neoliberal en la provincia, sus consecuencias macro económicas y los casos emblemáticos de toma de deuda en forma irregular.

La deuda eterna

Merced a la política de endeudamiento realizada por Puerta, las futuras generaciones de misioneros nos convertimos en herederos de una pesada deuda económica que demandará décadas en resolverse. El nivel de endeudamiento limita las capacidades de crecimiento y desarrollo autónomo de la provincia, debido a que una porción sustancial de sus recursos deben dirigirse al pago de los intereses y del capital de la deuda generada durante la administración del puertismo.

La dimensión del peso de la deuda se puede observar en las imágenes 1 y 2, que detallan la evolución del endeudamiento provincial entre 1991 y 1999. Los datos son tan reveladores como contundentes. La deuda, que al comienzo de la gestión de Puerta era de 9.9 millones de pesos/dólares, pasó a 704 millones en apenas 8 años de administración puertista, lo que implica un crecimiento de 7.111 por ciento, o lo que es lo mismo, a multiplicar la deuda original de 1991 por 71 veces su valor. Así, gracias a Puerta, lo que en 1991 era una deuda manejable de menos de 10 millones de pesos/dólares, en 1999 se había transformado en una deuda eterna de más de 704 millones de pesos/dólares.
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El esquema de la deuda

La deuda fue la consecuencia directa (y programada) de una política de administración de la economía pública específica y cuyas características salientes en el período fueron: privatización del sector público a bajo precio (o precio vil), ausencia de políticas tributarias, crónico déficit presupuestario y sesión de porcentuales de coparticipación federal. Este combo financiero generó las condiciones para la consolidación estructural de la deuda eterna.

Para ello, el gobernador Puerta no trepidó en recurrir a la violación de la constitución provincial y las leyes financieras de la provincia, como así también en sobrepasar todas las instancias de control existentes dentro de la estructura del Estado.

Según el art. 101 inc. 6 de la carta magna, el Legislativo es el encargado de autorizar la toma de
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empréstitos, y siempre bajo la condición que los mismos no comprometan más de un cuarto de las rentas provinciales. Frente a esta traba constitucional, el puertismo logró que la Cámara de Representantes delegue en el Ejecutivo la facultad de tomar crédito público (Ley N° 3459 de presupuesto bianual), algo que se hizo en forma discrecional e irracional durante los años 1998 y 1999 (como muestra acompañamos con los decretos 553 y 554, que en el mismo día generaron deudas por más de 28 millones de pesos/dólares).

En ambos decretos, al igual que en todo el proceso de endeudamiento de aquellos años finales del puertismo, figura la firma del por entonces ministro de economía y obras públicas, Humberto Schiavoni. Éste fue un hombre clave en Misiones, ya que además de ministro fue interventor del Banco Provincia (al que se encargó de desguazar para su privatización) y presidente del Comité de Privatizaciones de Empresas Provinciales. En la actualidad, y firme al ideario neoliberal, Shiavoni preside el Consejo Directivo Nacional del PRO, el partido de Mauricio Macri y es candidato a tercer diputado nacional en la lista que encabeza el propio Puerta.

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Con idéntica discrecionalidad se violó la Ley VII N° 11 (antes N° 2303) de Contabilidad, que establece que los créditos de corto plazo (en general tomados para gastos corrientes y de administración) no pueden superar el límite del 5 por ciento sobre los recursos sin afectación, algo que se hizo en forma sistemática durante los ‘90. Es que ello era inevitable frente a un Estado que se achicaba, reducía su capacidad tributaria y productiva y relegaba su participación en la coparticipación federal. La traducción inmediata de todo esto fue el creciente déficit presupuestario, que no solo se hizo crónico sino que alcanzó niveles desorbitantes. Así, pasó de 28 millones de pesos/dólares en 1991 a más de 280 millones en 1995 y a 385 millones de pesos/dólares en 1999. La única forma de afrontar el gasto público fue, en consecuencia, la toma de deuda.

Entre 1992 y 1995 se tomaron 26 créditos y otros 11 préstamos de corto plazo, para totalizar 37 nuevas deudas contraídas por la provincia. En el segundo mandato este esquema se amplió, ya que se tomaron 35 créditos generales y 17 préstamos de corto plazo, para totalizar 52 deudas. Por lo tanto, durante su gestión de gobierno, Ramón Puerta tomó ¡89 créditos!

Según el documentado estudio realizado por la Comisión Especial Investigadora de la Deuda Pública, conformada por la Cámara de Representantes de la Provincia, “se desconoce en detalle el destino de los empréstitos más importantes”, situación que evidencia que las deudas contraídas no se utilizaron en la producción, el desarrollo y la infraestructura provincial, sino que una parte se utilizó para pagar gastos corrientes de la administración pública, y otra porción importante actuó como simple asiento contable, por el cual Misiones asumió una deuda por un dinero que jamás ingresó en sus arcas.

Un último detalle. Solo tres días antes de entregar su mandato, o sea el 7 de diciembre de 1999,
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Puerta suscribió el contrato de fideicomiso entre Misiones y el Amor Bank N. V. por la emisión de 100 millones de “dólares estadounidenses” en concepto de bonos de reestructuración de deuda. Mediante decreto 955 (imagen 5 y 6) del 25 de junio de aquel año, el gobernador le había otorgado al banco Macro la función de agente operador de la emisión. Los bancos fueron socios claves de los gobiernos neoliberales, tan ese así que para el año 2000 la participación de las entidades bancarias y financieras osciló entre el 40 y el 60 por ciento del total de la deuda.

En la actualidad, aquella deuda contraída por Puerta está siendo pagada por todos los misioneros a un alto costo. Pese a lo cual la provincia sostiene la administración pública, invierte en la producción y desarrolla la infraestructura. Todo ello, además, sin la necesidad de contraer empréstitos y deuda pública. En parte se debe a la aplicación de un modelo que propicia el consumo, la circulación y la distribución de riqueza, pero también en parte se debe a la reestructuración de deuda que se realizó en la última década. Hoy Misiones tiene como su principal acreedor a la Nación, que posee el 80 por ciento de la deuda provincial, luego de un extenso proceso de reestructuración de las deudas provinciales.

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Durante generaciones de misioneros hemos de pagar las deudas financieras que generó Ramón Puerta como gobernador de la provincia. Y esto no es ni chicana política ni relato histórico, es un simple hecho de la realidad del paso del neoliberalismo por Misiones.

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