Más temprano que tarde, Salvador Allende

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Los tanques y aviones de guerra chilenos bombardeaban la Casa de la Moneda con un ahínco digno de otras batallas. En la sede del poder Ejecutivo del hermano país de Chile, un grupo de funcionarios públicos, acompañados por un puñado de soldados leales, sostenía la resistencia final. Entre ellos, se encontraba el presidente, Salvador Allende.

Allende es un símbolo y un héroe para la Patria Grande. Con su casco puesto y armado con un fusil de origen ruso AK-47 regalo de Fidel Castro, el presidente del país combatió hasta el último instante para defender la democracia, la revolución y, en definitiva, para salvar a todo Chile de la peor dictadura de su historia.

Salvador Allende es la utopía colectiva del pueblo de Chile. Utopía que se fue construyendo a través de los años y de las elecciones a presidente, que Allende fue perdiendo en el camino. En total fueron 3 elecciones hasta que pudo acceder a la presidencia en 1970, con un 36,6 por ciento de los votos y luego de una reñida disputa política en el colegio electoral.

En los años siguientes, el gobierno avanzó por la vía chilena hacia el socialismo, caracterizada por fuertes principios democráticos y una serie de transformaciones estructurales que algunos caracterizan de revolucionarios y otros de apenas reformistas. Lo cierto es que en menos de tres años, Allende procuró materializar un programa de gobierno de izquierda, en donde se destaca la nacionalización del cobre como una medida de claro tinte revolucionario.

El gobierno estuvo marcado por las crisis, asediado desde varios flancos por los enemigos de siempre: las fuerzas armadas, la CIA y la oligarquía chilena. Desde el mismo momento de su elección se comenzó a gestar un enorme boicot económico contra Chile, caracterizado, en su etapa más virulenta, por un amplio lock out patronal, el desabastecimiento y la toma de fuertes medidas de control de precios por parte del Estado.

En ese contexto de creciente conflictividad, los sectores más conservadores del Ejército trasandino se armaron para derrocar al gobierno. En la madrugada del 11 de septiembre, la Armada de Chile tomó Valparaíso, iniciando así el golpe de Estado. Con las primeras horas del día, los tanques y los aviones asesinos comenzaron a bombardear la Casa de la Moneda, en donde se encontraba Allende, fusil en mano, para defender el gobierno popular.

Asediado por las bombas, el humo y el fuego, Allende dirigió sus últimas palabras al pueblo de Chile: “Trabajadores de mi patria: tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo, donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor”.

Más temprano que tarde, Salvador Allende.

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