La tempestad que conduce al puerto

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Luego de más de siete décadas de batallas, viajes y sacrificios inmensos, la vida del Libertador de medio continente se apagaba irremediablemente. En el último año, José de San Martín había sufrido una fuerte recaída en su salud, hasta que aquel 17 de agosto de 1850 llegó la tempestad que conduce al puerto.

Cuando en junio de 1822 San Martín se reunió con Simón Bolívar en Guayaquil, supo que su vida pública estaba llegando a su fin. En septiembre de aquel año, dejó el gobierno del Perú en manos del congreso y se marchó, para regresar a su ansiada Mendoza. Allí, el Libertador aspiraba a instalarse en la quinta que el Cabildo local le había donado en la zona de Barriales y que, luego de su llegada pasó a llamarse San Martín.

Poco tiempo pudo vivir el Libertador en su patria, ya que los liberales porteños le hicieron una guerra silenciosa y cruel, que forzó su ostracismo voluntario. En febrero de 1824, abandonó el país, para nunca más regresar a él. En Europa, San Martín pasó por Escocia y Bélgica, antes de instalarse en Francia.

Recién en 1829, luego de la renuncia de su acérrimo enemigo Bernardino Rivadavia, es que San Martín se decidió a regresar al Plata. Una vez llegado a la rada porteña, se encontró con la noticia del derrocamiento y el fusilamiento del gobernador bonaerense Manuel Dorrego. Ante esta situación, directamente no desembarcó y se dirigió a Montevideo, en donde vivió sus últimos meses en el Río de la Plata. De allí, el amargo regreso a Europa.

En el viejo continente, el Libertador continuó bregando por la independencia americana. Así se lo hizo saber a la corte francesa, cuando éste país atacó el Río de la Plata en 1838. Del mismo modo, buscó el reconocimiento de las principales potencias europeas de la independencia argentina. Por último, apoyó abiertamente la política seguida por Juan Manuel de Rosas en cuanto a la defensa de la soberanía nacional, ultrajada por la agresión colonial de Gran Bretaña y Francia en 1845.

En 1848, al producirse una revolución en Francia, San Martín se mudó a Boulonge Sur Mer, localidad ubicada en la costa norte del país, en donde pasó sus últimos meses de vida, en compañía de su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y sus nietas Josefa y María.


El 17 de agosto de 1850, un San Martín moribundo pronunció sus últimas palabras: “es la tempestad que lleva al puerto”. A las 3 de la tarde, el hombre más extraordinario que diera la revolución americana moría en su residencia. La Patria Grande, esa que fue la utopía constante de su accionar político, perdía al mejor de sus hijos.

Dibujo: Ricardo Carpani

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