Emiliano Zapata al grito de Tierra y Libertad

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Cada país del continente americano ha vivido su propio proceso revolucionario y de liberación nacional. En cada uno de ellos surgieron los líderes populares que encabezaron las grandes revueltas libertarias y por ello, hoy son reconocidos como indiscutidos referentes de la historia de los pueblos americanos. Uno de los más admirados es, sin lugar a dudas, Emiliano Zapata, el que al grito de “Tierra y Libertad” revolucionó todo México a comienzos del siglo XX.

Emiliano nació el 8 de agosto de 1879 en Anenecuilco, en el sureño estado mexicano de Morelos y en el contexto de una economía latifundista y campesina. Movido por un fuerte interés militante, Emiliano se incorporó a grupos de campesinos que reclamaban la posesión de las tierras, algo que le valió ser enrolado por la fuerza en el ejército.

En 1909 fue electo presidente de la junta de defensa de las tierras de su ciudad natal, momento en el que comenzó a gestar su principal bandera de lucha: “Tierra y Libertad”. Al año siguiente lideró la recuperación armada de las tierras de la Villa de Ayala, acción por la cual el gobierno lo declaró “bandolero”. En los años siguientes, Zapata consolidó su poder en Morelos, mientras desde el poder central buscaron tanto comprarlo con dádivas como doblegarlo por vía de las armas.

Frustrado por la falta de decisión política del presidente Madero, en 1911 Zapata lanzó el Plan de Ayala, en donde se establecía que la “tierra es para el que la trabaja”, por lo que se debían regresar las tierras a los indígenas y campesinos de la zona. Para entonces, Zapata ya era el jefe indiscutido del Ejército Libertador del Sur.

En simultáneo con la lucha de Zapata, en el norte del país se había consolidado el poder revolucionario de Francisco Pancho Villa. Ambos líderes populares convergieron sobre el DF en diciembre de 1914, dando lugar a una histórica foto en la que se ve a Zapata y Villa en el sillón presidencial.

Una vez de regreso a su territorio, Zapata continuó la lucha contra el ejército conservador, liderado por el presidente de facto Venustiano Carranza, que no había sido reconocido ni por Villa ni por Emiliano. En 1916 el poder central focalizó la represión sobre el estado de Morelos, en donde logró recuperar numerosas poblaciones que estaban en manos del zapatismo. Al año siguiente, Emiliano lanzó una contraofensiva, pero ya sin tanta fuerza, debido a las carencias armamentísticas que tenía.

Incapaces de doblegarlo definitivamente, el poder central optó por tenderle una trampa a Zapata. El 10 de abril de 1919 Emiliano fue citado a la hacienda de Chinameca con la excusa de que un importante jefe del ejército federal se pasaría de bando. Ni bien ingresó al recinto, Zapata fue atacado a balazos por las tropas emboscadas. Emiliano murió en el acto, pero al igual que tantos próceres de nuestra Patria Grande, murió para nacer y convertirse en bandera irrenunciable de un objetivo revolucionario de antes, de ahora y de siempre: Tierra y libertad.

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