Un modesto y breve análisis sobre el voto soberano

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Pasaron las elecciones y una vez más el pueblo fue el soberano, dueño de sus destinos y el de toda la provincia. Misiones votó a conciencia, con un sufragio que fue analizado por cada votante y que dejó un clarísimo mensaje hacia la dirigencia política, en especial hacia el sector gobernante del Frente Renovador (FR). Como lo dice la ya tradicional canción, en Misiones ahora “quién quiera oir, que oiga”, el que no, evidentemente quedará relegado de la escena política.

Más cuando el resultado causó gran sorpresa en propios y extraños, no por el triunfo Renovador (lógico y esperable) sino por lo escueta que fue la diferencia con el segundo (16 puntos) y por el bajo caudal de votos que obtuvo el oficialismo (apenas el 34 por ciento). Frente a este panorama resulta indispensable efectuar un análisis político de las elecciones, el que será dividido en tres perspectivas: una general, una desde el oficialismo y otra desde la oposición.

Mirada general

Pese a la apatía y la preocupante falta de propuestas con que se desarrolló la campaña, la población misionera se acercó a las urnas en un porcentaje similar al registrado en las últimas contiendas electorales, más allá de que el porcentaje final la ubique junto a las elecciones de menor participación ciudadana. El 69 por ciento de participación es igual al nivel de la anterior elección de medio turno, la de 2009 y similar a la de 1993, en donde también se alcanzó el pico mínimo de participación.

Al igual que en las siete elecciones de medio término anteriores (siempre desde 1983 a la fecha), el ganador fue el partido de gobierno. Lo llamativo del caso actual, es que se trató del porcentaje de votos más bajo de la historia. Hasta 1993 los oficialismos siempre habían ganado con más del 50 por ciento y hasta la elección del 30J, siempre lo habían hecho con más del 40. Este 34 por ciento es inédito en Misiones.

La nota destacada de la jornada fue la inauguración del voto joven, que si bien no significó una movilización masiva de personas de entre 16 y 18 años, sí puso en práctica un derecho ciudadano que, a partir de ahora, todos los jóvenes del país podrán experimentar cada dos años. Hay que recordar el carácter voluntario de la participación de esta franja etaria, por lo que es probable que en el futuro se registre una mayor participación.

Salvo las tradicionales denuncias de falta de boletas en algunas mesas, la sociedad se acercó a votar en forma pacífica y ordenada. Es más, se notó la baja movilización realizada por los partidos políticos a la hora de trasladar sus votantes. En ese sentido, el misionero no solo es autónomo a la hora de ingresar al cuarto oscuro sino que también lo es al momento de llegar hasta su lugar de votación.

En este sentido y frente a la contundencia de la expresión popular, sería bueno que la dirigencia política, en especial de la oposición, terminara con esos discursos según los cuales el gobierno gana por el clientelismo, por la compra de votos y toda la serie de frases de ocasión que se utilizan para justificar una derrota electoral. Si es tan fácil ¿qué pasó el 30J, la Renovación se olvidó de repartir choripanes? Está claro que este tipo de discursos esconde un perfil antidemocrático, al considerar que cuando me votan a mí la gente es libre y cuando no lo hacen la gente está comprada. El pueblo vota en forma autónoma e independiente de las estructuras partidarias y las presiones, y en la historia política de Misiones sobran los ejemplos.

Mirada oficialista

Si bien el FR ganó con cierta comodidad las elecciones y obtuvo su séptimo triunfo sobre ocho elecciones desde el 2003, la sensación frente a los votos perdidos fue de desconcierto. Por más que la elección del 2011 sea incomparable con esta, debido a que en aquella se elegía gobernador y a que la Renovación jugó con sus dos figuras principales (el gobernador Maurice Closs y el presidente de la Cámara y conductor Carlos Rovira), si nos retrotraemos al 2009 (la elección de medio término anterior), la Renovación igual perdió 12 puntos en estos cuatro años.

Las causas de la debacle son múltiples y variadas. Es evidente que todo proceso político se desgasta, por más exitoso que éste haya sido, pero ese no es el único factor. La Renovación erró en la estrategia de campaña. Primero al platear lista única para concejales en el marco de una ley de lemas, una muestra de arrogancia que terminó costando caro. En segundo lugar, al conformar listas de candidatos (a diputados provinciales y a concejales) de bajísima capacidad de empatía con la sociedad. Para decirlo en términos coloquiales, la Renovación llenó sus listas de piantavotos, gente sin representatividad y carente de ideas concretas sobre la provincia y el futuro. En vez de apoyo, recabaron críticas y rechazo.

Además, el resultado tuvo mensajes directos hacia adentro de la gestión de gobierno. Con solo observar aquellas fuerzas que más crecieron, está claro hacia donde apuntaron las críticas del electorado.

Por un lado, el aumento de la UCR expresa el descontento de las clases medias urbanas, en especial de aquellas franjas más permeables al “discurso Lanata”, como así también entre los empleados públicos, cuyo retraso salarial (en especial en cuanto al básico) es alarmante y preocupante. Allí hay un mensaje directo hacia el sector radical de la Renovación, que durante todos estos años acompañaron al sector progresista del partido, liderado por Maurice Closs, para regresar al ala conservadora de los Damiani, Pastori y compañía.

La pichadura de los sectores medios no sería tan grave, sí lo es el mensaje que arrojan los votos dirigidos hacía el Partido Agrario y Social (PAyS) de Cacho Bárbaro, que evidencia los límites que tiene la actual política agraria y laboral en la provincia. Bárbaro se hizo fuerte allí en donde están los mayores conflictos vinculados a la posesión de la tierra, la producción primaria y la explotación laboral. La Renovación en estos diez años avanzó en todas estas temáticas, pero llegó a un límite en el cual profundizar la senda implica tocar intereses poderosos, concentrados y, en muchos casos, cercanos a la propia fuerza de gobierno. ¿Hasta cuándo durará Ari (Adolf) Klusener al frente de la APM y en el directorio del Parque Industrial? El gobernador ya habría dado la primera señal al solicitar la renuncia del administrador del ingenio azucarero de San Javier. Sería un primer indicio positivo, pero la sociedad requiere gestos mayores y más profundos.

Mirada opositora

La oposición, en la derrota, obtuvo un logro mayúsculo: volvió a existir. Luego de haber sido reducida a una expresión ínfima en el 2011, recuperó e inclusive superó los niveles de 2009, cuando el PJ sacó 11 por ciento y Unión-Pro alcanzó el 10. Ahora la UCR saltó al interesante 18 por ciento y PAyS al 11.

Tanto el partido centenario como el agrario, han interpretado los sufragios con una exaltación que deberían matizar. En primer término, porque más allá del crecimiento, la sociedad misionera continuó optando por el oficialismo con una importante diferencia sobre el resto. Además, porque lo que se registró no fue un gran desempeño de ningún opositor sino, más bien, una fuerte atomización del voto opositor, con siete partidos que lograron entre el 6 y el 2 por ciento de los votos. De los reacomodamientos que surjan a futuro surjirá una oposición capaz de disputar poder con el gobierno, por ahora no parece ser ese el panorama.

La UCR fue la más inteligente a la hora de plantear su estrategia de campaña. Recuperó en parte la vieja mística militante, apostó por candidatos nuevos y jóvenes, dejando de lado a los tradicionales piantavotos de las últimas elecciones, y jugó en forma inteligente con la ley de lemas. Apostó al voto “Lanata” y la jugada le salió bien. Se posicionó como segunda fuerza e integrará un minibloque (6 o 7 diputados) en la legislatura como para desplegar una agenda propia. Está claro que no tiene mucho más espacio para continuar la acumulación, en especial porque no se ve de dónde podría arrebatar votos en el resto de las fuerzas políticas.

Los grandes perdedores de la contienda fueron los referentes de la vieja política, como Ramón Puerta, Pablo Tschirch (candidato de un ultra desprestigiado como el Momo Venegas) y Claudio Wipplinger. Este último es, junto al insignificante FAP (2 por ciento), el gran derrotado. En un proceso de crecimiento para la oposición, el dueño de Primera Edición perdió 2000 votos en el camino. Está claro, por todo esto, que el neoliberalismo, por más acompañamiento mediático que tenga, no es un discurso permeable hacia la sociedad.

Dos comentarios finales tienen que ver con la cuestión nacional. Primero para expresar la opaca presencia del Frente para la Victoria (apenas 5 por ciento de los votos). Para el FpV es muy difícil instalarse con su discurso progresista cuando ese mensaje está dominado, desde la práctica concreta de gobierno, por la propia Renovación. Ni siquiera en un momento de reflujo del gobierno logró porcentajes importantes, una muestra más del carácter autónomo del voto en Misiones, que sufragó con la mente puesta en la provincia y no en la Nación.

Los medios en lucha contra el gobierno interpretaron las elecciones en Misiones como un fuerte retroceso del kirchnerismo, al reducir su caudal del 72 al 34 por ciento. Esto no sólo es falso, sino que significa una manipulación artera de la realidad. El kirchnerismo en la provincia es liderado por la Renovación, pero allí también confluyen el propio FpV, PAyS, propuesta que fue solventada por Emilio Pérsico y Martín Sabbatella, y el Partido Proyecto Popular (1 por ciento). En definitiva, más de la mitad de los votos se manifestaron en apoyo de los sectores K en Misiones. Un dato a tener muy en cuenta de cara a las PASO y las generales de octubre.

2 comentarios:

  1. Pablo muy interesante tu reflexión, coincido contigo en ella. Además considero que el ejercicio de la democracia que se viene dando, va puliendo las obligaciones civiles como lo es el voto, que en ésta oportunidad, más allá de muchas cuestiones a analizar, ha sido realizado con la madurez de una sociedad que va sola, sin necesidad de que le indiquen a quien debe votar.Sabiendo a conciencia lo que quiere y cómo lo quiere manifestar. Es importante escuchar las llamadas de la sociedad para revizar políticas de gestión.

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  2. Gracias Mariela por tu opinión. Celebremos el poder y el valor de nuestra democracia.

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