Torquemada, el terror de la Santa Inquisición Católica

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Durante siglos, el Santo Tribunal de la Inquisición fue el encargado de aterrorizar a todos los opositores a la verdad revelada. Bajo el paraguas de la lucha contra la herejía, la Inquisición fue la encargada de perseguir, torturar y asesinar a cuanto opositor político, social y económico surgiera en todo el territorio bajo el dominio del papado de Roma. De esta forma, con el supuesto objetivo de custodiar la santa fe, la iglesia católica cometió las mayores atrocidades que se recuerden en la historia de la humanidad.

La Inquisición tuvo diversas etapas, pero hubo una que fue la más sangrienta y oscura. Esa etapa se vincula con una fecha, la del 11 de julio, pero de 1486, cuando el Papa designó a Tomás de Torquemada como inquisidor general de Castilla y Aragón. En breve tiempo, Torquemada se convertiría en un sádico y en un demente.

Torquemada había nacido en 1420 en Valladolid, para ingresar a la vida conventual desde muy chico. Como suele ocurrir con estos personajes nefastos, Torquemada estuvo en el lugar indicado en el momento justo. Ese momento fue la consolidación de España como nueva potencia mundial y como centro de la cristiandad católica. La llegada al poder inquisitorial coincidió con el otorgamiento del título de los Reyes Católicos para Fernando de Aragón e Isabel de Castilla.

Torquemada fue un feroz perseguidor y represor de los herejes y de los conversos. Su atención se centró en la población judía, a la que expulsó de España y de todos los dominios españoles. También se ocupó de evitar toda crítica contra la fe católica y la actuación política de los reyes españoles.

El inquisidor general se destacó por su sadismo y por la aplicación sistemática de las torturas más atroces contra los sospechosos de herejía, en especial, mujeres jóvenes, a las que se sometía a terribles vejaciones, en la mayoría de los casos, vinculados a un sadismo sexual sin procedentes. Las mujeres eran desnudadas y luego colocadas en sofisticados mecanismos de tortura, en donde podían ser empaladas, desgarradas o descuartizadas.

El otro ritual característico de esta época feroz y terrible, fue el de la hoguera. Miles de personas (unas 10.000, según los cálculos de máxima) habrían muerto bajo el fuego sagrado de las hogueras encendidas por Torquemada. Otras 30.000 personas habrían sufrido otro tipo de tormentos en la sesiones de tortura que el mismo Torquemada lideraba. De esta forma, bajo un fanatismo y una crueldad inconcebible, el inquisidor general más temible de la historia hizo del Santo Tribunal de la Inquisición una página cargada de muerte, sangre y terror.

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