La vez que el Río de la Plata dijo Ingleses Go Home

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Durante toda la historia rioplatense (inclusive antes de que existiera la Argentina), los ingleses han sido, siempre, nuestros principales y más constantes enemigos. No sólo nos han sojuzgado en términos económicos, con la clara complicidad de ciertos sectores locales sino que, en muchos casos, han recurrido al uso de las armas para imponer la razón del más fuerte. Pese a esta constante en la historia del país, la Argentina siempre ha tenido, en términos diplomáticos, una relación correcta con Gran Bretaña.

En todo este tiempo, hubo una vez en que los ingleses pretendieron todo el Río de la Plata para ellos, y esa vez fue entre 1806 y 1807, en lo que se conoce como las invasiones inglesas. Luego de más de un año de ocupación y de la toma de Montevideo y de la toma y la reconquista de Buenos Aires, las fuerzas británicas, oportunamente reforzadas, intentaron la ocupación definitiva de la capital del virreinato del Río de la Plata.

El 28 de junio de 1807, 10.000 ingleses al mando de John Whitelocke, desembarcaron en la costa de Ensenada, al sur de la ciudad de Buenos Aires. Con su arrogancia militar a cuestas, las tropas invasoras avanzaron hacia la capital, en donde sostuvieron una pequeña escaramuza en cercanías de Miserere.

Luego de ello, el jefe inglés dio tres días para entregar la ciudad o prepararse para la lucha. Ante la perentoria orden, los bonaerenses se alistaron para la defensa. De hecho, desde que los ingleses hicieran su primer ataque un año atrás, que la capital se venía preparando y armando para resistir un inevitable segundo ataque.

Miles de hombres se habían incorporado al ejército, mientras que muchos habitantes habían fortificado sus casas, en especial aquellas más cercanas al cuartel y la actual Plaza de Mayo. El héroe de la Reconquista, el ex gobernador de Misiones, Santiago de Liniers, estuvo a cargo de la defensa.

En las primeras horas del frío 5 de julio de 1807, los ingleses avanzaron en 12 columnas por las calles céntricas. A su paso encontrarían una resistencia atroz, enloquecedora y desmoralizante. En todas las esquinas encontraron barricadas y obstáculos que no sólo lentificaban sus pasos, sino que servían para incrementar los efectos del cañoneo sobre ellos. A medida que se acercaban a la Plaza, desde las mismas casas comenzaron a atacarlos. Agua y aceite hirviendo, piedras, macetas y una lluvia de disparos, cayeron sobre los invasores.


Cada paso que daban, era una hilera de soldados que caían. El centro de Buenos Aires se transformó en un campo de batalla, hasta que el invasor se tuvo que rendir. Los ingleses tuvieron más de 300 muertos y otras 2500 bajas, entre heridos, capturados y desaparecidos. La derrota del imperio fue total. Aquel día, a los ingleses, les dijimos go home. 

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