La muerte que confirmó el liderazgo de Yrigoyen

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Fue el protagonista principal del primer movimiento nacional y popular de la Argentina, hacedor, con su ejemplo de lucha, de la revolución del sufragio que permitió terminar en el país con el orden conservador. Desde la constitución del país en 1853, que las elites conservadoras se habían apropiado del Estado para beneficio propio, gracias a un sistema electoral que impedía la participación de las mayorías. Luego de décadas de lucha y de haber sido dos veces presidente, don Hipólito Yrigoyen ya era un mito, idea que su muerte y sus funerales no hicieron más que confirmar.

Don Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen y Alem, fue el principal político del campo nacional y popular hasta la irrupción del peronismo. Había nacido el 13 de julio de 1852 en una Buenos Aires que recién había visto caer a Juan Manuel de Rosas. Junto a su primo Leandro Alem, inició una juvenil militancia, primero en el partido autonomista y luego como jóvenes radicalizados que pretendían modificar el orden vigente.

Hipólito fue diputado por la provincia de Buenos Aires en 1880, en la lista de Julio Argentino Roca, pero pronto se desencantó y decidió abandonar el partido y dejar, por un tiempo, la acción política.

Recién con la revolución del Parque de 1890, Yrigoyen regresó a la escena activa. En aquella ocasión formó parte de las tropas lideradas por una variopinta constelación de dirigentes que cuestionaban la pésima administración económica del presidente Juárez Celman. Poco tiempo antes de la revolución, se había conformado la Unión Cívica, en donde Hipólito confluyó con Bartolomé Mitre, Bernardo de Irigoyen y Aristóbulo del Valle, entre otros.

La disparidad de criterios entre los integrantes de la Unión Cívica, rápidamente se puso de manifiesto, por lo que Yrigoyen rompió la alianza y creó la Unión Cívica Radical, la que adoptó un programa de abstención revolucionaria y lucha armada contra el régimen. El gran objetivo era la adopción de un régimen electoral de voto secreto, obligatorio y universal.

Entre 1890 y 1912, Yrigoyen será el líder de la lucha armada contra el poder de turno. En 1893 y 1905, los radicales encabezarían grandes revoluciones contra el gobierno de turno, en el segundo de los casos, llegando a secuestrar al vicepresidente de la Nación. Tanta lucha y prédica, dio sus frutos. En 1912, el presidente Roque Sáenz Peña impulsó la sanción de la ley electoral, lo que permitió el acceso al gobierno de la UCR, quien postuló a Yrigoyen como presidente para 1916.

Dos Hipólito condujo al país entre fuertes contradicciones, que van de desde la creación de YPF hasta los sucesos de la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde. En 1922, le sucedió otro presidente radical, el aristocrático Marcelo de Alvear. Esto produjo una escisión en el partido radical entre personalistas y antipersonalistas, que se saldó en 1928 con una elección abrumadora a favor de Yrigoyen.


Apenas dos años pudo gobernar don Hipólito, jaqueado por la crisis del 30, los medios de comunicación y las luchas internas en la UCR. El 6 de septiembre de 1930 lo derrocó el Ejército frente a una profunda apatía social. Sólo tres años después, el 3 de julio de 1933, moría Yrigoyen. Sus funerales fueron una sorprendente y masiva muestra de afecto popular, tanto, que su muerte no hizo más que confirmar el mito.

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