Evita capitana, alma y corazón del pueblo

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Evita fue la luz más fulgurante que brilló en la patria. Ella, con su propia historia de abandonos y de rechazo, supo construir el amor popular más candoroso de toda nuestra existencia nacional. Nadie, fue tan amada como Evita por parte del pueblo argentino. Es que ella supo expresar el sentido más profundo de nuestra Argentina: fue conductora, fue líder, fue alma y fue el corazón para millones de argentinas y argentinos de los últimos 70 años.

Eva María Duarte nació pobre y en el marco de una familia “ilegítima”, sostenida en las sombras por un estanciero conservador de la zona de Chivilcoy. Esta historia de abandono y de rechazo social que Eva vivió de niña, le fue forjando el alma hacia un rechazo visceral frente a las desigualdades y un amor inconmensurable por los humildes.

La historia ya es conocida, Eva conoció al ascendente coronel Juan Perón y ambos se enamoraron a primera vista. Ella lo acompañó en los días conflictivos de octubre de 1945 hasta la pueblada histórica del 17 de octubre. Ya casados, fue la compañera que lo siguió en aquella campaña electoral del verano de 1946, cuando Perón su subió al tren para recorrer buena parte de la Argentina.

Ya en el poder, Evita sacó a relucir una asombrosa capacidad de trabajo. Durante jornadas enteras, la mujer del presidente se dedicó a hacer política. Fue una de las principales generadoras de debates políticos cruciales para la historia argentina. Su mayor logro es, sin lugar a dudas, haber transformado viejas reivindicaciones en derechos inalienables y con rango constitucional.

Ella fue la que adoptó la bandera del voto femenino como un derecho inmediato para todas, y gracias al peronismo todas las mujeres pudieron elegir y ser elegidas. Ella fue la que convenció al pueblo de que la Argentina era de todos, y es por ello que la Constitución de 1949 declaró que nuestro país era libre, soberano e independiente. Ella fue, en definitiva, la que desterró los principios de asistencialismo o de beneficencia, para reemplazarlos por el principio básico de la justicia social. De Evita en adelante, los pobres nunca más pedirían limosna, sino que reclamarían por el incumplimiento de un derecho básico a la subsistencia en condiciones dignas. La diferencia es tan sutil como dignificante.

Eva fue eso, fue la capitana de un pueblo que quiso realizarse, cansado ya del abuso al que lo tenían sometido los sectores oligárquicos y los vendepatrias, como solía definirlos ella misma en sus discursos. Evita, la capitana, lideró la llama más hermosa que brilló en esta tierra y junto a ella, marchó el pueblo. El pueblo que encontró en su figura, el alma y el corazón que lo conduciría hacia la utopía colectiva de una Argentina grande, justa y soberana.

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