El Maracanazo y los de afuera son de palo

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Estaba todo listo para que la fiesta concluyera con una inmensa y multitudinaria celebración. Sin lugar a dudas, sería la mayor fiesta popular en la historia del fútbol mundial. Para ello se habían preparado los brasileños durante años y para ello habían organizado su primer mundial, cuya final se debería jugar en el estadio más grande del mundo, el mítico Maracaná. Aquel día final, un 16 de julio de 1950, más de 200.000 torcedores sólo esperaban que esos 90 minutos pasaran rápido para comenzar los festejos. Eran 200.000 hinchas, 200.000 gargantas gritando por la verde amarela, 200.000 voces abucheándolos a ellos, los once hombres vestidos de celeste en el centro del campo de juego, aquellos leones convencidos de que los de afuera son de palo.

Luego del interregno generado por la segunda guerra mundial, la FIFA designó a Brasil como sede de la próxima copa del mundo, la primera que se organizaba desde el mundial ganado por Italia en 1938.

El país organizador había realizado numerosas obras para la ocasión, la más importante e impactante era el estadio Maracaná, en Río de Janeiro, que sería sede de los principales partidos.

La realización del mundial fue muy compleja, debido a que todavía no se había instalado como un acontecimiento fundamental del deporte. Por eso, luego de varias renuncias, entre ellas de la Argentina, y de numerosos rechazos de invitaciones, el mundial sólo contó con 13 participantes de un total de 16. El mayor beneficiado fue Uruguay, que sólo jugó un partido en la etapa de grupo, con victoria por 8 a 0 frente a la débil Bolivia.

Por su parte, Brasil ganó su grupo luego de victorias por 4 a 0 frente a México, 2 a 0 contra Yugoslavia y un sorpresivo 2 a 2 ante Suiza.

Por la modalidad de disputa, el torneo se definiría mediante un cuadrangular final en donde todos jugarían contra todos. En esta etapa, Brasil se mostró arrollador. Le ganó 7 a 1 a Suecia y 6 a 1 a España. Para el último partido, en el Maracaná, debía enfrentar a Uruguay, que había tenido un transitar mucho más complicado en el cuadrangular, ya que empató 2 a 2 con España y le ganó 3 a 2 a Suecia, luego de estar perdiendo hasta los 15 minutos finales.

Así las cosas, para el 16 de julio de 1950, Brasil llegaba al último partido con un punto de ventaja sobre Uruguay, por lo que con sólo empatar se consagraría campeón del mundo. Cuenta la leyenda que, luego de salir al campo de juego, el capitán uruguayo, Obdulio Varela, juntó a sus compañeros y les dijo: “Muchachos, los de afuera son de palo, que comience la función”.

En un principio pareció que Brasil se los llevaría por arriba. A los 2 minutos del complemento, Francia puso el 1 a 0 para los locales. Todo estaba listo, faltaban menos de 45 minutos para que Brasil se consagrara campeón. Pero allí ocurrió el milagro y lo inesperado. A los 21 Schiaffino marcó el empate que todavía le daba el título a Brasil. Uruguay se fue al ataque, hasta que logró lo impensado. A falta de 11 minutos para el cierre, Ghiggia marcó el 2 a 1 para Uruguay, equipo con logró, de esta forma, su segundo copa del mundo. Aquel día, en el Maracanazo, quedó ratificado que, en el fútbol, los de afuera son de palo.

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