Las horas finales en el frío austral de las Malvinas

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La guerra ya estaba perdida, cientos de soldados yacían muertos en el campo de batalla, mientras otros miles se replegaban en desorden, exhaustos y famélicos. En una confortable y caliente vivienda de Puerto Argentino, el general Menéndez diseñaba el texto final de la rendición argentina. En el campo, se registraban los últimos combates en aquellas, las horas finales en el frío austral de Malvinas.

En la noche del 11 de junio, las tropas inglesas habían iniciado el asalto sobre la primera línea defensiva argentina en torno a Puerto Argentino, la capital de nuestras islas Malvinas. El plan original era avanzar sin demora sobre todas las posiciones argentinas, pero la resistencia ofrecida por nuestros soldados en Monte Longdon, Dos Hermanas y monte Harriett, obligó a los ingleses a reacomodar su estrategia.

Entre el 12 y el 13 de junio, toda la zona de las posiciones argentinas fue barrida por fuego de artillería de las baterías de tierra y de los barcos enemigos, que habían rodeado la gran península en donde se encuentra la capital. La defensa era un puñado de hombres ubicados en la sierra Wireless, que cerraba el acceso por el norte, y el fuerte Batallón de Infantería de Marina N° 5, que se encontraba bien atrincherado en Tumbledown.

La noche del 13 de junio, se reinició el combate. Sobre Wirelles cayeron dos batallones ingleses completos, el regimiento de Paracaidistas N° 2 y el N° 3. Mientras que contra el BIM 5 fueron necesarios tres batallones completos, los Guardias Galeces, los Guardias escoceses y el de Gurkas.

Durante toda la noche, la lucha fue intensa en la zona de Tumbledown, mientras la batería de artillería argentina, liderada por Martín Balza, lanzaba sus últimos proyectiles. Los ingleses, luego de la batalla de Darwin-Pradera del Ganso, habían comenzado a utilizar una táctica que les garatizaba un triunfo sin tantas pérdidas propias. Ella consistía en identificar las trincheras y posiciones argentinas y luego saturarlas con fuego de artillería y misiles anti-tanque Milán. Sólo después de ello y si era necesario, recurrir al combate cuerpo a cuerpo, como en monte Longdon, donde fusilaron a varios argentinos que no se habían querido rendir.

Para el amanecer del 14 de junio, la situación era dramática. El BIM 5 estaba siendo superado y sus flancos eran amenazados por el enemigo. La única alternativa era el repliegue. En ese momento, su jefe, el capitán de fragata Carlos Robacio, ordenó el repliegue en orden y en formación.

Con la ocupación de Tumbledown, la guerra estaba concluida. Esa misma mañana Menéndez firmó la rendición incondicional de las tropas argentinas. Más de 300 soldados murieron en la defensa de las islas, a lo que hay que agregar otros 330 por el hundimiento del crucero General Belgrano. Miles de soldados se replegaron sobre Puerto Argentino, ateridos por la tristeza de aquellas, las horas finales en el frío austral de Malvinas.

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