Cuando preguntar, te costaba la vida

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En los últimos tiempos, algunos comunicadores han lanzado una campaña bajo la consigna Queremos preguntar. Para ellos, en la Argentina actual se vive una situación de autoritarismo, de falta de libertades y de una importante ausencia de libertad de expresión. Seguramente, ninguno de ellos recordará que hoy, 27 de junio, se cumple un nuevo aniversario del asesinato del periodista Emilio Jáuregui, asesinado por la represión cuando preguntar, te costaba la vida.

Jáuregui era miembro de una familia tradicional, nieto de Federico Pinedo y emparentado y relacionado con la alta sociedad porteña. Pese a este origen, desde muy joven, y merced a sus estudios en París, Emilio se convirtió en un renegado de su propia clase, a la que nunca se sintió identificado.

En julio de 1960, ingresó a trabajar como periodista en el tradicional diario conservador La Nación. Allí estuvo por sólo dos años y medio. Su decisión de afiliarse al gremio de periodistas y de elegir un delegado gremial dentro de la redacción, le valió ser echado de su trabajo. En 1963, se incorporó a la conducción de FATPREN, la federación Argentina de Trabajadores de Prensa, en donde Jáuregui fue electo como secretario general adjunto, debido a que el secretario general estaba preso.

Al producirse el golpe militar de Juan Carlos Onganía en 1966, la Fatpren fue intervenida y puesta bajo el control de los periodistas colaboracionistas. En aquel momento, Emilio se sumó a la CGT de los Argentinos y colaboró en el diario de la CGTA que dirigió Rodolfo Walsh. La resistencia de los trabajadores aglutinados en la CGT de los argentinos, fue crucial para mantener en jaque el gobierno de facto de Onaganía y generar el gran estallido popular del 29 de mayo de 1969, conocido como el Cordobazo.

Poco tiempo después, el gobierno imperialista de los Estados Unidos liderado por Richard Nixon, organizó una gira oficial que recorrería 19 países latinoamericanos y que sería liderada por el empresario Nelson Rockefeller. La visita a la Argentina estaba prevista para el 27 de junio de 1969; dos días antes, estallaron en 15 supermercados Minimax, propiedad de Rockefeler, bombas de estruendo en una clara muestra del repudio hacia la visita.

Para el 29, se organizó una gran movilización en Plaza Once, pese a que la represión policial había comenzado desde temprano y se habían intensificado las medidas de seguridad. Emilio condujo la columna de periodistas, hasta que en un momento decidieron retirarse debido a la represión y los gases lacrimógenos. El grupo bajó por la calle Tucumán y siendo perseguidos por un patrullero policial. Luego de unas escaramuzas, el patrullero apunta contra Emilio y lo persigue durante dos cuadras, hasta la intersección de Tucumán y Anchorena. Allí, el patrullero le cerró el camino al subirse a la vereda y un policía directamente le disparó matándolo en el acto.

Emilio fue el único muerto de la jornada y muchos creen que su muerte fue digitada contra el periodismo en general, un claro ejemplo de una época en donde preguntar, te podía costar la vida. 

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