Un genio del renacimiento y de todos los tiempos

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El renacimiento es el nombre más apropiado para ejemplificar la etapa que le siguió a la oscurantista edad media, aquella época dominada por los saberes imaginarios de la iglesia en contraposición a los saberes reales de la ciencia y la técnica. El renacimiento marcó el resurgir de la búsqueda del conocimiento a partir de la observación y la experimentación en el seno de la sociedad europea. Fue una época de verdaderos genios de la ciencia, el arte y la técnica. Pero hubo uno, que no sólo fue un genio del renacimiento sino que es, un genio de todos los tiempos.

Leonardo Da Vinci nació el 15 de abril de 1452 en Florencia, el corazón artístico y creativo del Renacimiento europeo. Hijo ilegítimo de un acaudalado hombre Fiorentino, Da Vinci recibió una educación informal y poco sistemática. Desde muy pequeño mostró una gran curiosidad por la naturaleza y el conocimiento. A los 17 años, ingresó en el taller de arte del ecléctico Andrea del Verrocchio, quién comenzó a pulir su afán artístico y a potenciar el carácter multidisciplinar de Leonardo.

A partir de 1472, Da Vinci comenzó a realizar sus primeros trabajos en pintura, pero también en ingeniería, ya que colaboró en la construcción de varias iglesias. En la década de 1480 fue enviado a Milán, en donde trabajó para el mecenas Ludovico Sforza. Por aquellos años, sus actividades eran tan diversas como notable era su capacidad en cada una de ellas. Da Vinci era a la vez anatomista, arquitecto, botánico, filósofo, escultor, artista, músico, urbanista, inventor, poeta, ingeniero, etcétera.

Entre 1494 y 1498 pintó una de sus obras clásicas, La última cena, para el convento dominico de Santa María de la Gracia.

A fines del siglo XV, Europa estaba surcada por conflictos armados. La guerra era una realidad cotidiana y allí, una vez más, Da Vinci tuvo destacada actuación como ingeniero militar para el diseño y desarrollo de fortificaciones y defensas de las principales ciudades del norte italiano.

A comienzos del siglo XVI, Leonardo inició otra de sus obras cumbres, La Gioconda, que sólo estuvo concluida para 1515. Por aquellos años, el artista vivió en diversas ciudades de Italia y Francia, debido a los constantes cambios políticos y el fervor de los reyes y nobles por convertirse en mecenas de los grandes artistas de la época, como Miguel Angel, Rafael y el propio Da Vinci.

Al final de su carrera artística, Leonardo había pintado algunas obras geniales, construido acueductos, iglesias y canalizaciones, diseñado fortalezas e inventado un sin fin de artefactos que la humanidad tardaría siglos en hacer realidad, como su famoso tornillo aéreo, antecedente director del helicóptero.

En 1516, Leonardo se marchó a Francia, en donde el rey de aquel país Francisco I, lo alojó en el castillo de Clos-Lucé para que trabajara con absoluta libertad. Allí desarrolló sus últimos trabajos, hasta que la muerte se lo llevó el 2 de mayo de 1519, el día en que moría un genio del renacimiento y de todos los tiempos.

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