Un coloso de acero hundido en Malvinas

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El 1 de mayo de 1982 las condiciones climáticas les habían jugado una mala pasada a los estrategas de la Armada Argentina. Aquel día, en el primero de la guerra de Malvinas, la marina de nuestro país había pergeñado un plan de ataque a gran escala, con el cual buscaba sorprender a Gran Bretaña en el inicio mismo del conflicto del Atlántico Sur.

El ataque establecía un movimiento de pinzas entre dos grupos de tarea. Por el norte, debería atacar el portaaviones 25 de mayo con los aviones Skyhawk A4-Q de la Armada. Mientras que por el sur, operaría el Crucero General Belgrano en compañía de dos fragatas torpederas. El plan era tan arriesgado como poco factible de realizarse ante un enemigo que contaba con una abrumadora superioridad tecnológica.

En las primeras horas del 1 de mayo, el ataque debió abortarse, debido a que no había viento suficiente como para que despegaran los aviones desde la plataforma del 25 de mayo. Tanto el portaaviones, como el Belgrano, viraron hacia el oeste y pusieron proa hacia el continente. Sin saberlo, ese sería el último viraje dado por el Crucero de la Armada Argentina.

A las 4 de la tarde del 2 de mayo, un torpedo MK-8 con 810 kilos de explosivos lanzado desde el submarino nuclear Conqueror, hizo saltar en el aire al pesado Crucero. Unos instantes después, otro torpedo similar arrancó parte de la proa del barco, el que lentamente comenzó a hundirse entre el humo, el fuego y la muerte.

El Belgrano era una verdadera reliquia de la Armada. Había sido botado en 1938 con el nombre de Phoenix, para servir en la Armada de los Estados Unidos en el marco de la segunda guerra mundial. El crucero fue destinado a la guerra del Pacífico, en donde estuvo en el combate de Pearl Harbor y en la batalla de Leyte.

Luego de la guerra, la Argentina compró dos cruceros a los Estados Unidos, uno de ellos fue el Belgrano, que fue bautizado, en un principio, como Crucero 17 de Octubre y colocado como barco insignia de la fuerza. Luego del golpe de 1955, se le cambió el nombre por el de Belgrano.

Al iniciarse la guerra de Malvinas, el barco era vetusto y anticuado, más allá del poder de fuego de sus cañones de 152 mm. Poco podría hacer en un combate cara a cara con las modernas naves inglesas, pero allí estaba el barco, surcando las gélidas aguas del Atlántico Sur.

Al momento de las explosiones, murieron 272 hombres a causa del impacto, el fuego, el humo y el agua que comenzó a inundar las plataformas inferiores. De inmediato se dio la orden de abandonar el buque. El abandono se hizo con cierto orden, lo que permitió reducir el número total de bajas.
Durante 3 días, las balsas estuvieron a la deriva en la inmensidad del océano, hasta que todas pudieron ser rescatadas. El número total de muertos fue de 330, más de la mitad del total de muertos que tuvo la Argentina en toda el conflicto.

Aquel día, el coloso de acero, el Crucero General Belgrano, se hundió para siempre, llevándose consigo a más de 300 argentinos.

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