Secuestro, condena popular y muerte de Aramburu

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Su rostro y su nombre simbolizaron los años más cruentos de la dictadura que derrocó al gobierno constitucional de Juan Perón. Su nombre y su decisión política, se relacionan directamente con varios hechos de violencia cometidos desde el Estado represor contra la resistencia peronista a partir de 1955. Fue, durante 15 años, la figura prominente del gorilismo golpista que hundió a la Argentina en una larga noche de violencia y terror. Su nombre, fue Pedro Eugenio Aramburu.

El 29 de mayo de 1970, día del Ejército y primer aniversario del Cordobazo que había puesto en jaque a la dictadura de Onganía, un comando de Montoneros, vestido con ropa militar, pasó a buscar a Aramburu por su domicilio. Éste, confiado, se dejó llevar. Había caído en la trampa… ahora, el todo poderoso general, debería rendir cuentas ante la justicia popular.

El secuestro de Aramburu lo realizó un autodenominado “comando Juan José Valle”, una clara señal de que se trataba de un acto en respuesta a lo que habían sido los asesinatos cometidos por la revolución Libertadora en junio de 1956.

El comando montonero, integrado, entre otros, por Fernando Abal Medina, Norma Arrostito y Mario Firmenich, trasladó al ex presidente de facto hasta una charca ubicada en la localidad bonaerense de Timote.

Allí, Aramburu fue sometido a un juicio revolucionario, que comenzó esa misma noche. Los cargos en su contra fueron contundentes: en primer lugar, se lo inculpó por los fusilamientos del 9 de junio perpetrados contra un grupo de militares peronistas y contra otro grupo de militantes en lo que Rodolfo Walsh definió como Operación Masacre.

Luego, se lo sindicó como artífice de un nuevo golpe militar, algo que Aramburu negó. Al día siguiente, en que continuó el juicio, se lo indagó sobre la desaparición del cuerpo de Eva Perón, el emblema del pueblo argentino que había sido secuestrado y desaparecido por la Libertadora. Una vez, el ex presidente de facto, negó recordar los hechos o tener responsabilidad en ellos.

El primero de junio por la noche, el tribunal popular pasó a deliberar. Ya en la madrugada, Fernando Abal Medina se dirigió hacia el cuarto en donde estaba Aramburu y le dijo: “General, el Tribunal lo ha sentenciado a la pena de muerte. Va a ser ejecutado en media hora”.

A la media hora exacta, Abal Medina tomó una pistola y mató al dictador Aramburu. Para ese entonces, la hasta allí casi desconocida agrupación Montoneros, ya ocupaba todas las tapas de los diarios y las noticias de radios y televisión.

Lo impensable, se había hecho realidad. La justicia liberal, que siempre había mirado para otro lado ante los abusos, los atropellos y los asesinatos de la dictadura de Aramburu, había sido superada por la realidad y por el deseo popular de justicia. Aquella noche, la responsabilidad de hacer justicia le cupo a un tribunal popular. Aquella noche, Aramburu, fue sentenciado a muerte.

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