San Nicolás, la última victoria del pueblo guaraní

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Para 1819, el federalismo como ideario político se consolidaba en todo el litoral y amenazaba seriamente al poder de Buenos Aires. En contrapartida, la vertiente artiguista, en donde militaban activamente los guaraníes de Misiones, se encontraba en una etapa de repliegue y decadencia, debido a la ofensiva del ejército portugués, que asolaba la campaña oriental y la región de las Misiones.

Pese a este panorama, José Artigas estaba decidido a contragolpear a los lusitanos. Para ello, sabía que podría contar con las tropas misioneras lideradas por su hijo adoptivo, Andrés Guacurarí.

En marzo de 1819, Andresito abandonó Corrientes y comenzó a reagrupar parte de sus fuerzas, ya que un importante contingente quedó ocupado en las acciones de la guerra civil en el Litoral. De todas formas, confluyeron junto a Guacurarí varios de los principales oficiales de su ejército, como Pantaleón Sotelo, Blas Uré, Ignacio Mbaybé y Vicente Tiraparé. En total, entre cerca de 1.500 hombres los que integraron aquel último ejército liderado por el comandante general de Misiones.

El 26 de abril, las tropas misioneras cruzaron el río Uruguay y tres días después ocuparon el pueblo de San Nicolás, ante la sorpresa de los luso-brasileños, que no esperaban un nuevo ataque guaraní. De San Nicolás, una avanzada guaraní tomó San Luis, con lo que se buscaba cortar las comunicaciones entre el grueso de las fuerzas enemigas y su capitán, Francisco das Chagas Santos, que se encontraba en San Borja.

Los portugueses se reagruparon y partieron rumbo a San Nicolás, en donde esperaban sostener una batalla decisiva ante el ejército “indio”. En la mañana del 9 de mayo, las tropas de das Chagas Santos arribaron a la vera del pueblo y comenzaron a bombardear las casas, pero sin encontrar ninguna resistencia ni rastros de vida.

Confiados en que el pueblo había sido abandonado, el teniente coronel Diogo Arouche de Moraes Lara ingresó a San Nicolás al frente de un contingente de infantes. Ni bien arribaron a la plaza central, fueron recibidos por una lluvia de balas de fusil y cañón por parte de los guaraníes que habían permanecido ocultos en las casas y en el más absoluto silencio.

La sorpresa del enemigo fue total, y se replegaron en desorden sobre el resto de la fuerza, la que también tuvo que retirarse ante el desorden que produjo el repliegue del primer contingente. Los guaraníes provocaron numerosas bajas al enemigo, entre ellas, la del propio Arouche, que fue uno de los primeros en caer.

Esta sería la última victoria obtenida por el ejército misionero liderado por Andrés Guacurarí en sus cuatro años de campañas como comandante general de nuestra provincia. Poco tiempo después sería derrotado en Itacurubí y finalmente capturado en el paso de San Lucas, el 24 de junio de 1819.

San Nicolás, al igual que Apóstoles, Candelaria, Rincón de la Cruz, Caa Catí y Las Saladas, son jalones victoriosos en la historia del pueblo guaraní en armas. Una lucha que aún no ha terminado, porque el espíritu guaraní aún reclama por sus derechos y sus tierras.

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