La última función del maestro Bochini

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Cuenta la leyenda que durante el partido semifinal ante Bélgica, por el mundial 86, Diego Maradona lo recibió con un “bienvenido maestro, lo estábamos esperando”. Esos fueron los únicos 5 minutos que el maestro jugó en aquel mundial, que sirvió de broche de oro para una carrera excepcional, propia de uno de los más extraordinarios jugadores de fútbol que han surcado las canchas argentinas: Ricardo Enrique Bochini.


El 5 de mayo de 1991, durante el juego que sostenían en Avellaneda el equipo local, Independiente, ante el Estudiantes de La Plata, el jugador Pablo Erbín lo lesionó a los 40 minutos del primer tiempo y cerró, de esa forma un tanto violenta, con más de 21 años de un fútbol exquisito.

Bochini fue de esos jugadores raros, con un talento único y una habilidad fantástica, pero de perfil bajo, como carente de carisma fuera de la cancha. Quizás por eso, nunca fue transferido al exterior y jugo siempre, toda su vida, con la camiseta roja en el pecho.

El maestro Bochini tiene el récord de partidos jugados para un mismo club, ya que disputó, entre 1970 y 1991, 714 partidos en Independiente, una fidelidad que hoy resulta imposible ante un mercado de pases voraz.

Además, es uno de los jugadores más ganadores de la historia del fútbol argentino, con 14 títulos, entre ellos, el Mundial de México 86, 4 copas Libertadores y 2 copas Intercontinentales.

Claro, más allá de estadísticas o números impactantes, Bochini se destacó por su estilo de juego, propio del gusto futbolero que siempre identificó a Independiente. El Bocha fue el genio del pase entre líneas, capaz de hacer pasar el balón por entre una maraña de piernas para dejar a un compañero de cara frente al gol. Su especialidad fueron los pases gol, de los que se cuentan por centenas en su haber, además de los más de 100 goles que hizo para Independiente.

El Bocha encandilaba rivales con su magia e iluminaba a sus compañeros con su fútbol. Pero también sabía de ponerse el equipo al hombro y de aparecer en los partidos chivos, en esos en donde el temple y la improvisación distingue a los distintos. Así lo hizo en 1973 para marcar el único gol en la intercontinental contra la Juventus en Italia, o en enero de 1979 para marcar el 2 a 2 en Córdoba, contra Talleres, cuando Independiente tenía 8 hombres y perdía la final del Nacional. También, para marcarle numerosos goles a Boca, a River y a Racing, equipos a los que siempre atendía.

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la última función del maestro, el maestro del fútbol argentino, Ricardo Enrique Bochini.

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