La marcha patriótica que se transformó en el Himno nacional

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Todos los países adoptan, al momento de su conformación, una simbología propia que los ayuda a identificarse y a diferenciarse de otras naciones. Esa simbología está representada por la bandera, el escudo y una canción, marcha o himno. En el mismo sentido, nuestro país comenzó a adoptar sus símbolos patrios a partir del proceso político desatado el 25 de mayo de 1810. Entre esos símbolos, se cuenta la marcha patriótica, que se hizo, con el tiempo, nuestro himno nacional.

El origen del himno nacional argentino fueron los versos que comenzó a componer Vicente López y Planes en mayo de 1812, en base a una composición musical de Blas Parera. Esos versos pasaron por varias manos y llamaron la atención de los miembros de la Asamblea del Año XIII, entre los que se encontraba el propio López y Planes.

El 6 de marzo de 1813, la Asamblea encargó a López a “trabajar su canción”, esto es, a pulirla y agregarle algunas estrofas. Para ello, López contó con la colaboración de dos poetas amigos, Luca y Rojas. De esta forma, para comienzos de mayo, la marcha estuvo lista.

El 11 de mayo de 1813, la asamblea decretó que la “canción que por comisión de este soberano cuerpo en 6 de marzo último ha trabajado el diputado López, tenga por la única marcha nacional, debiendo por lo mismo ser la que se cante en todos los actos públicos”. A partir de aquel día, es que en cada acto público entonamos nuestro himno nacional.

Claro que las estrofas que hoy entonamos son tan sólo una pequeña parte de los versos de la marcha original. Es que el texto completo era mucho más que una simple canción patria, era un reflejo del momento revolucionario e independentista que se vivía. La letra original está compuesta de nueve estrofas y en ellas se pone en evidencia el ideario político del bando revolucionario.

En la primera estrofa, que arranca como el actual, con el Oid mortales, se anuncia que “se levanta a la faz de la tierra, una nueva y gloriosa nación”, una clara demostración del carácter independentista de su contenido. Más adelante, ratifica la pertenencia americana de la revolución, al afirmar que “se conmueven del Inca las tumbas”. También denuncia la feroz represión lanzada por el poder colonial ante los movimientos revolucionarios: ¿No los veis sobre Méjico y Quito, arrojarse con saña tenaz, y cuál lloran bañados en sangre Potosí, Cochabamba y La Paz? ¿No los veis sobre el triste Caracas luto y llanto y muerte esparcir? ¿No los veis devorando cual fieras todo pueblo que logran rendir?

Luego recuerda los primeros triunfos patrios, como Suipacha, Las Piedras y Tucumán, entre otros.

La marcha fue aceptada por todos y cantada con fervor en cada ceremonia pública. Con el paso del tiempo, se le hicieron algunas modificaciones. La más importante, le decretó el presidente Julio Roca el 30 de marzo de 1900, cuando se cercenaron varias estrofas, justamente las de carácter más revolucionario y americanista. Así es, la historia de la marcha patriótica que se hizo himno nacional.

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