El sol del 25 viene asomando

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El 18 de mayo de 1810, llegó a Buenos Aires la noticia de la caída de la junta central de Sevilla, el último resquicio de poder real en la España invadida por las tropas napoleónicas. La noticia sacudió la estructura colonial: España ya no tiene gobierno y, por ende, las colonias tampoco. A partir de esta novedad, en varias ciudades de América se comenzaron a formar juntas de gobierno, entre ellas, la que se integró el 25 de mayo en la ciudad de Buenos Aires. A diferencia de otras juntas, como la de Santiago, Venezuela o México, la del Río de la Plata subsistirá a la contrarrevolución y será uno de los pilares del contraataque de 1817. Ahora bien, ¿por qué pudo resistir Buenos Aires? Es simple, porque había vivido un gran proceso de acumulación política.

La creación del virreinato del Río de la Plata en 1776 transformó a la pobre y pequeña villa de Buenos Aires, en capital de un amplio espacio geográfico que abarcaba los actuales territorios de Bolivia, Uruguay, Paraguay y parte de Argentina, Chile y Brasil. Esta situación de privilegio, favoreció el surgimiento de una pequeña burguesía comercial e intelectual en la ciudad, la que comenzó a pugnar por espacios de poder frente a la administración colonial.

Bajo esta primaria acumulación económica, se fue gestando la acumulación social y política que transformará definitivamente a la sociedad porteña. El hecho clave del cambio social fue la invasión inglesa al Río de la Plata en el bienio 1806-1807.

La invasión inglesa obligó a la ciudad a autodefenderse frente a la apatía del virrey Sobremonte y a las falencias defensivas del sistema colonial. Así, en Buenos Aires se debieron conformar cuerpos militares integrados, en la mayoría de los casos, por los sectores populares, improvisar armas y adiestrar soldados con una rapidez asombrosa. Este ejército “popular” expulsó a los invasores en 1806 y defendió a la ciudad en 1807.

Estas milicias creadas de apuro (entre ellos el bicentenario Regimiento de Patricios) tenían sus particularidades. Quizás la mayor sea que la elección de los oficiales corría por cuenta de los propios soldados, en un sistema democrático poco común en el rígido mundo castrense. Otra característica saliente es que rápidamente se transformarán en actores políticos y, de hecho, marcarán los pasos que transitará el virreinato hacia su emancipación.

Estas prácticas políticas, inusitadas para la época e impensadas para los sectores populares, tenían un trasfondo material. Es que, a través de los salarios militares, los sectores populares aumentaron su capacidad para apropiarse de los recursos públicos. Esto es, a mayor cantidad de soldados, mayor era el pago en salarios que iban hacia los sectores populares y de criollos. Entre 1806 y 1809, las tropas criollas del ejército se apropiaron de casi el 80% de los sueldos destinados a gastos militares.

De esta forma, se asiste a una situación de creciente politización social, que se traducirá en la remoción del virrey Sobremonte, adoptada por el Cabildo abierto del 10 de febrero de 1807 y sostenida por el poder de las armas populares. En su reemplazo, se colocó al héroe de la lucha contra los británicos y ex gobernador de Misiones, Santiago de Liniers. Este paso dado por el pueblo capitalino, fue tan sólo el anticipo de lo que se viviría tres años después, cuando el sol del 25 asomó en el horizonte.

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