Vermut con papas fritas y good show

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Nació para hacer reir, nació para hacer pensar. Fue el más grande de los humoristas políticos en un país en donde la clase política asumió, en muchas ocasiones, el papel de tristes payasos de los grupos dominantes. En todas las épocas y con todos los gobierno, él supo interpretar el pulso de la época para hacer un humor irónico y denunciante.

Hoy, 27 de abril de 2013, cumpliría 86 años. Nació con el nombre de Mauricio Rajmín Borensztein, pero la historia del humor político y la historia de la televisión argentina lo recuerdan como Tato Bores, una gloria de la radio y la tv nacional.

Sin siquiera haber terminado el secundario, fue descubierto en una fiesta contando chistes por un productor radial, que lo llevó a trabajar en radioteatros en la década de 1940. Hasta fines de la década siguiente, su voz fue una marca registrada de los radioteatros.

En 1957 llegó a la televisión, en donde formó parte de una tira por Canal 7 de Buenos Aires. Tres años después, comenzó con un ciclo propio por Canal 9, dando inicio a un específico humor político, que le permitió criticar con sutileza a los dueños del poder en la Argentina de aquellos convulsionados años.

Luego de la muerte del presidente Juan Perón, el lopezreguismo lo censuró y le impidió continuar con la emisión de su ya tradicional programa de humor político. Con la llegada de la dictadura, la situación no se modificó.

Recién en 1978 pudo regresar a la pantalla, desde donde se las ingenió para denunciar el estado de terror que se vivía en el país.

Con el regreso de la democracia, su figura como capo cómico se multiplicó. En los 80 hizo televisión, cine y teatro, en todos los ámbitos con gran aceptación del público, que lo adoptó como una referencia para el análisis de la política y de los políticos argentinos.

En 1987, el gobierno radical decidió no renovarle su contrato en Canal 13, algo que fue interpretado como un acto de censura, debido a las ácidas críticas que Tato hacía del gobierno liderado por Raúl Alfonsín. Poco tiempo después, el radicalismo sería arrasado en las elecciones legislativas de ese año, dándole la razón a Tato, que no hacía otra cosa que reflejar, con humor, lo que ya era una realidad para todos los argentinos.

Claro, no fue éste el más resonado de los intentos de censura que sufrió Tato. El 17 de mayo de 1992, la jueza María Romualda Servini de Cubría, impuso un recurso de amparo para que sea censurada una parte del programa “Tato de América”, lo que encontró eco en la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial. Ese día, Tato fue censurado. Pero su voz no se pudo callar, ya que junto a él, en el estudio, se presentaron decenas de artistas, músicos y personalidades del espectáculo que le brindaron su apoyo y el apoyo hacia la libertad de expresión.

Tato vivió sus últimos años rodeado del afecto y de la admiración del público. En aquellos programas finales, solía cerrar las emisiones con una frase que quedó en el recuerdo: “Vermut con papas fritas y good show”.

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