La batalla que selló la suerte del continente

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La guerra de la independencia fue una cruenta y larga lucha que debieron afrontar los pueblos americanos para superar el colonialismo español. Durante 14 años, sólo las tropas de las Provincias Unidas, antecedente de lo que hoy es Argentina, Uruguay y Bolivia,debieron combatir en más de 150 combates. Pero hubo una, que fue la bisagra definitiva para inclinar las acciones a favor de los revolucionarios. Esa batalla se libró el 5 de abril de 1818 en los campos de Maipo o Maipú, pocos kilómetros al sur de Santiago de Chile.

Fue una batalla increíble, sobretodo, porque ocurrió apenas 17 días después del desastre de Cancha Rayada. En aquella ocasión, las fuerzas realistas habían efectuado un sorpresivo ataque nocturno sobre las posiciones del ejército chileno-argentino que lideraba el misionero José de San Martín. Entre la oscuridad, el ruido y la muerte, las mejores tropas sanmartinianas se escabulleron de las garras del enemigo y marcharon hacia Santiago. A la mañana siguiente, los realistas creyeron que la victoria era suya y que Chile volvería a manos del rey de España.

Pero en Santiago, el corazón y el espíritu del revolucionario Manuel Rodríguez, movilizó a la población y a las tropas, que se alistaron para una nueva batalla. San Martín, por su parte,retornó a la capital y se puso al frente de un ejército que no parecía vencido.

El 5 de abril de 1818, 4.900 patriotas con 21 cañones se enfrentaron en el campo de Maipú contra los 5.300 hombres y 12 cañones que lideraba el brigadier Mariano Osorio. Aquella mañana,se dirimiría una batalla crucial para la libertad de América y todos los protagonistas así lo entendieron.

Ya en la noche previa, se habían iniciado las acciones con los choques entre las guerrillas de avanzada. Durante toda la mañana del 5 de abril, se mantuvo el intercambio de disparos a la distancia, mientras ambos ejércitos se movían en busca de una posición táctica ventajosa.

Al mediodía, San Martín se lanzó al ataque, en virtud de la quietud del enemigo. Su infantería, integrada en surjan mayoría por negros libertos, quedó enfrentada con las veteranas tropas del rey de España, entre las que se contaba el todavía invicto regimiento de Burgos. Durante largo tiempo, la ventaja táctica favoreció al enemigo, que enía dominado el centro y la izquierda de la acción. Por la derecha patriota,el batallón liderado por Las Heras en compañía de los Granaderos a Caballo,tenía cierta ventaja.

En aquel momento de definiciones,San Martín jugó su reserva mediante un movimiento oblicuo. Este tipo de recursos tácticos, eran toda una novedad en el mundo de la guerra que había impuesto Napoleón en Europa. La reserva, liderada por Hilarión de la Quintana,arrasó al centro enemigo. La batalla se transformó en una cacería humana, en donde las tropas realistas huyeron despavoridas como para evitar el arrollador paso de los revolucionarios.

El resultado de la acción fue de más de 2.000 muertos realistas y unos 2.400 prisioneros, casi todo el ejército del rey había sido destruido. Los patriotas tuvieron 1.000 bajas entre muertos y heridos. Sobre el final de la jornada, Bernardo O’Higgins, Director Supremo de Chile, se acercó al campo de batalla todavía convaleciente de una herida en el brazo, y se estrechó en un abrazo fraterno con San Martín. Aquel abrazo y aquella jornada del 5 de abril, producidos en los campos de Maipú, comenzaron a definir los destinos del continente. América, finalmente, sería libre.

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