Nuevas miradas sobre el peronismo histórico

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El peronismo es uno de los fenómenos historiográficos más revisitado por las diversas oleadas de historiadores. Siempre presente en el interés del público, tanto el movimiento nacido a comienzos de la década de 1940 como su líder, Juan Perón, son temáticas de las que los académicos y ensayistas no se pueden sustraer. Desde hace un par de décadas se vienen prefigurando una serie de matices en la interpretación general sobre el fenómeno del peronismo, tanto como para cuestionar ciertas conclusiones que han servido de estructura interpretativa básica sobre el denominado “peronismo histórico”.

Estado, movimiento y partido peronista, la ingeniería institucional en Santa Fe, 1943-1955, de Mercedes Prol (Siglo XXI, 2012), se ubica en esta tendencia. Fruto de sus estudios de doctorado, la autora reconstruye la trama de configuración del peronismo en la provincia de Santa Fe. Mediante un detenido análisis, el libro no sólo aporta una mirada sobre la realidad local sino, más bien, permite entrelazar lo local con el más general proceso de institucionalización del peronismo, lo cual redunda en una serie de conclusiones más que relevantes.

Ya en la introducción, Prol remarca que su línea interpretativa estará ligada a estos esquemas según los cuáles la “capacidad reguladora del estado en el campo social y político” no fue todo lo homogénea que se creía ni que el Poder Ejecutivo era omnipotente, sino que “fue el resultado de una construcción institucional progresiva, conflictiva y fragmentaria, condicionada por el comportamiento de los actores interpelados y de carácter desigual según las áreas”.

En este sentido, la descripción local lo que permite es verificar las enormes dificultades que tuvo el peronismo a la hora de uniformizar políticas públicas, identidades sociales y estructuras partidarias. En el caso santafesino, además, se entrecruzan fenómenos complejos, que van desde los intereses sectoriales, en especial el creciente poder gremial, hasta las luchas facciosas dentro de la propia fuerza gobernante. Todos estos aspectos, descriptos con riguroso detenimiento por la autora, son el reflejo de las dificultades que encontró el peronismo para instalarse como un poder incontrastable a lo largo y ancho del país.

El libro, claramente, no pretende minimizar esa vocación que tuvo el peronismo por la acumulación de poder y la generación de homogeneidades políticas y sociales, más bien, procura reflejar esa voluntad. Con ese objetivo se describe la política de penetración territorial ejercida por los Centros Cívicos y las asociaciones de Tiro y Gimnasia, verdaderos eufemismos para camuflar la militancia estatal a favor de Perón y su programa de reformas sociales.

Desde la revolución de 1943 que se evidencia una creciente tensión entre la realidad local y las agencias estatales que genera el gobierno nacional en los territorios provinciales. Esta tensión parece reflejar algo más que una disputa entre concepciones institucionales diversas, en concreto, se trataría del conflicto entre dos cosmovisiones políticas y sociales opuestas. Mientras el peronismo pugnaba por instaurar un nuevo orden, basado en su propia interpretación de “qué era y cómo debía funcionar una democracia de masas en los años de posguerra”, los partidos de la oposición, incapaces de articular una propuesta alternativa, quedaron aprisionados en la defensa de un orden perimido e incapaz de contener a la sociedad argentina contemporánea.

Otro aspecto que resulta del libro, es que si el peronismo procuró ser una identidad nacional uniforme, cada peronismo local instauró una identidad propia, construida en base a su desarrollo particular, más que a un modelo preformado y replicado en cada escenario. Para el caso de Santa Fe, las rencillas internas, tan presentes en los tiempos del peronismo histórico como en la actualidad, son una característica identitaria propia. Como bien afirma Prol, “la intervención del nivel intermedio del partido fue una práctica estatuida y persistente desde el año 1948, aceptada por los agentes involucrados y las elecciones de las comisiones directivas de las Unidades Básicas también”.

Durante la época en estudio, el Poder Ejecutivo nacional intervino en dos ocasiones la provincia de Santa Fe. Esta práctica, que en algunos contextos históricos pudo haberse interpretado como una muestra del carácter hegemónico del poder central (por ejemplo durante las presidencias de Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento), en el caso puntual del peronismo es, más bien, una constatación del fracaso a la hora de instaurar esquemas institucionales uniformes y/o conductas políticas homogéneas.  

De todas formas, y más allá de los matices que emergen de estas nuevas miradas, está claro que el peronismo tuvo algunos éxitos en su política de propaganda y gestión del Estado. Para Prol “el éxito no radicó en el control político ejercido hacia los niveles intermedios y hacia las bases de la organización partidaria, sino en la capacidad de penetración del ideario peronista en la sociedad”. Ya sea en Santa Fe, en otros escenarios provinciales o en el plano más general de la Nación, el peronismo fue, es y seguramente será por mucho tiempo más, un componente central de la identidad política Argentina, plausible, en consecuencia, de ser revistado una y otra vez por las diversas corrientes historiográficas.

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