No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos

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El 24 de marzo de 1976 se inició el capítulo más trágico de nuestra historia. Los lobos, se convirtieron en fantasmas del día y de la noche, se apropiaron de todo, y lo hicieron con un único objetivo, destruirnos como pueblo y como país. Los lobos, secuestraron, torturaron, robaron, asesinaron… Quisieron borrarnos como pueblo, pero no pudieron, porque la memoria colectiva ha construido, en estos 37 años de lucha y resistencia, una consigna muy clara y contundente: No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

No olvidamos a nuestros 30.000 compañeros detenidos y desaparecidos. No olvidamos sus rostros, que nos miran cargados de esperanza, para que construyamos un país como el que ellos soñaron. No olvidamos sus vidas, porque ellas son el ejemplo de lucha militante que anida en nuestros corazones. No olvidamos sus utopías, porque muchas de ellas aún están por cumplirse y deben ser realidades en honor a ellos, los héroes de nuestra Argentina moderna. No olvidamos, porque la memoria es nuestra y eso, nunca puede morir.

No perdonamos a los asesinos del pueblo argentino, que con tanta saña se adueñaron de las vidas y de la sangre de nuestros hermanos. No perdonamos a los torturadores, a los cobardes que se escudaron en el anonimato y el poder de las armas, para vejar los cuerpos inertes de aquellos que no tenían más defensa que sus convicciones. No perdonamos a los genocidas, que con su sadismo y su locura, escribieron la página más sangrienta de la historia Argentina. No perdonamos a sus cómplices civiles, que se escudaron en las Fuerzas Armadas para asaltar sobre las riquezas de este país y quedárselo con todo. No perdonamos a la iglesia católica, cuya cúpula fue copartícipe del esquema de muerte y destrucción que los milicos llevaron a la práctica. No perdonamos, porque no nos corresponde, para los asesinos, sólo juicio y castigo.

No nos reconciliamos con aquellos que destruyeron a la patria y que aún hoy sostienen en su locura, que aquello estuvo justificado. No nos reconciliamos con los genocidas ni sus cómplices, porque ellos sólo tienen espacio en las cárceles de la justicia democrática y en el repudio más contundente de una sociedad que clama su memoria. No nos reconciliamos con los que pretendieron dejarnos sin sueños ni proyectos, porque una sociedad sin horizonte es una sociedad muerta. No nos reconciliamos con la iglesia católica y sus obispos cómplices; no nos reconciliamos con los medios de comunicación que hicieron de voceros de los lobos, como Clarín, la Nación y las Editoriales Atlántida y Perfil; no nos reconciliamos con ninguno de ellos, porque ellos están fuera de este sueño colectivo que se llama Argentina.

Por eso, levanto mi mano en alto, con los dos dedos en V, para gritarle al mundo entero, que nuestros 30.000 compañeros desaparecidos están presentes, ahora y siempre. No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos, juicio y castigo en cárcel común para todos los genocidas y sus cómplices civiles y religiosos.

30.000 compañeros desparecidos, presentes!!!!!

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