La Perla negra del horror que funcionó en Córdoba

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La Perla se asoma en el paisaje como una construcción fuera de lugar, elevada entre las leves ondulaciones que se pueden encontrar a la vera de la autopista que une la ciudad de Córdoba con la veraniega Villa Carlos Paz. Desde la ruta su existencia es casi imperceptible, mucho más a la velocidad en que se transita por la zona. Sólo algunos entendidos reconocen el lugar, en especial por la señalización que se ha hecho del mismo en los últimos tiempos. Desde fines del año pasado, el lugar ganó notoriedad para los cordobeses, debido a que se inició uno de los juicios más importantes contra los represores de la última dictadura militar: la megacausa de La Perla, el mayor centro clandestino de detención que funcionó en las provincias argentinas y el segundo en importancia luego de la ESMA.

Esa historia de muerte y horror, que transcurre en aquel lugar de irónico nombre, es lo que relata “La Perla, historia y testimonio de un campo de concentración”, escrito por los periodistas Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo y que el sello Aguilar editara a fines del año pasado, casi en consonancia con la apertura de las audiencias en la citada megacausa.

Se trata, como la mayoría de los trabajos que recorren aquel pasado oscuro, de un libro denso, profundo, desgarrador y doloroso. Es que no hay otra forma de adentrarse en aquella historia, mucho más cuando se pretende -y en este caso, se logra-, describir la vida y la muerte en un centro clandestino de detención. Mariani y Gómez Jacobo reconstruyen esas historias, por momentos individuales y por momentos colectivas, que poblaron de dramatismo a La Perla.

La propuesta de los autores tiene una faceta novedosa e interesante. El libro no se resume a la recopilación de testimonios o vivencias puntuales, sino que procura articular aquellas experiencias con la forma en que la sociedad cordobesa interpretó lo ocurrido en La Perla. De esta forma, los hechos relatados no permanecen estáticos en un tiempo pretérito, sino que tienen continuidad en el presente, no ya como acontecimiento aberrante, más bien como postura humana frente a experiencias ultrajantes. En este sentido, los autores (en consonancia con las propias víctimas) interpelan a la sociedad cordobesa en su conjunto al manifestar la ausencia de diálogo sobre lo ocurrido en la provincia durante la dictadura. Así lo expresan, entre otras víctimas, Patricia Astelarra y Susana Sastre.

Esta interpelación a la sociedad sirve, además, para describir las enormes complicidades civiles de las que gozaron los represores. En primerísimo lugar figura la iglesia católica, cuyo poder y ascendencia en Córdoba es incuestionable y se basa en siglos de preponderancia social, político y económico. El libro dedica un apartado especial a detallar las complicidades existentes entre el Tercer Cuerpo de Ejército y la iglesia, cuya conducción no trepidó en entregar a sus propios miembros si estos eran buscados por la represión, como en el caso del seminarista Daniel García Carranza.

Otro aspecto de la represión, la tortura y la muerte en La Perla, tiene que ver con la selección social de las víctimas. Mientras que entre los sectores medios y altos se registró el mayor índice de sobrevivencia, en los sectores de extracción obrera o proletaria prácticamente no hubo sobrevivientes. Esto se explica en el libro en base a la cita de una de las víctimas, quién expresó que los represores creían que “un trabajador que en su vida normal solo tiene la opción de luchar por sus reivindicaciones sociales,  después de sufrir torturas y castigos durante su detención, al ser liberado, solo habría aumentado su odio contra sus represores”.

La Perla, historia y testimonio de un campo de concentración, es un libro compacto, previsiblemente doloroso y con aportes valiosos para conocer lo ocurrido en la noche oscura de la Argentina bajo el poder militar. Es una radiografía descarnada sobre el mayor centro clandestino de detención que funcionó en las provincias entre 1976 y 1983. Pero también es un relato sobre la interpretación que la sociedad cordobesa efectuó de aquel macabro lugar que funcionó a pocos kilómetros de la capital provincial. Según nos explicó Mariani en diálogo telefónico para el programa Mate Cocido, en los últimos tiempos y en especial a partir del juicio oral y público contra los responsables de La Perla, que la sociedad cordobesa avanzó en una apertura al diálogo sobre estos hechos. Probablemente, este tipo de libros también sirvan, desde otra perspectiva, para facilitar que en mayores espacios sociales se masifiquen los principios de memoria, verdad y justicia que deben primar a la hora de abordar nuestro pasado trágico.

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