La mujer más valiente de nuestra historia

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Hay una hermosa canción que dice que si a la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia. Y si bien esto es cierto, también es cierto que aquellos que escribieron nuestra historia no sólo borraron del relato a los vencidos, sean estos indios, gauchos o sectores populares en general, sino que han invisibilizado a las mujeres, que nunca figuran en los relatos históricos. Por eso hoy, en el Día Internacional de la Mujer, propongo recordar a Juana Azurduy, la mujer más valiente de nuestra historia.

Juana nació en la ciudad de La Plata, hoy denominada Sucre y ubicada en el hermano país de Bolivia, el 12 de julio de 1780, el mismo año del levantamiento indígena de Tupac Katari y Bartolina Sisa. Huérfana a temprana edad, terminó viviendo con una tía, con la que chocó rápidamente, por lo que fue internada en un convento. Allí también duró poco tiempo, ya que a los 8 meses fue expulsado debido a su rebeldía. De regreso en su región de origen, conoció a Manuel Ascencio Padilla, con quién se casó en 1805.

Su primera participación revolucionaria se registró luego del 25 de mayo de 1809, cuando se formaron juntas de gobierno en Chuquisaca y La Paz. En la región altoperuana existía, desde los tiempos de Tupac Amaru, un gran fervor revolucionaria y extendidas ansias de cambio social. Si bien estos movimientos fueron derrotados, en algunos casos a sangre y fuego, quedó un clima político de inminente estallido social.

Al producirse la revolución de mayo de 1810 y al extenderse sus alcances a toda la geografía virreinal, Juana, junto a su marido, se plegaron decididos a los ejércitos de la patria naciente. En un principio, Padilla se plegó a las tropas lideradas por Martín Miguel de Güemes, mientras que Juana debió escapar junto a sus hijos, ya que su casa fue confiscada por los realistas.

A partir de 1813, Juana se suma también al ejército, organizando un escuadrón de aborígenes, al frente del cual luchó en diversas escaramuzas y combates. En marzo de 1814, Padilla y Juana derrotaron al enemigo en las batallas de Tarvita y Pomabamba, por lo que el jefe realista José de la Pezuela, envió un batallón completo a perseguirlos en su contra. En la persecución, la pareja se separó, ya que junto a ellos iban los cuatro hijos del matrimonio. Juana se internó en unos pantanos, en donde sus hijos enfermaron, muriendo los cuatro en poco tiempo.

Pese a esta enorme desgracia, Juana continuó la lucha, ahora con más vigor y, también, con mayor odio por el enemigo. En septiembre de 1814 nace un nuevo hijo, entre medio de los combates.

El 8 de marzo de 1816, al frente de su batallón de leales, atacó el cerro de Potosí, en donde derrotó a los realistas. Por esta acción, Belgrano le otorgó el cargo de Tenienta Coronela del ejército argentino. Poco tiempo después, sufriría otro duro golpe, el 14 de noviembre, en la batalla de Laguna, moriría su marido.

Frente a tanto dolor, se replegó con su única hija hacia el sur, en procura de la protección de Güemes, quién la contuvo hasta la muerte del caudillo, en 1821. Luego de ello, Juana quedó en la más absoluta pobreza, olvidada por una historia escrita por hombres y para hombres, esa historia que hoy rescata la leyenda de Juana Azurduy, la mujer más valiente de nuestra historia.

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