La muerte del Restaurador de las leyes

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Fue el gran protagonista de la etapa post revolucionaria en el ámbito del Río de la Plata. Su impronta federal y su clara posición anti colonialista, le valieron el reconocimiento de las masas del interior y de los gobernadores de las provincias. Amado y odiado en iguales proporciones por aquellos que han escrito la historia, un día como hoy, 14 de marzo, pero de 1877, moría el Restaurador de las Leyes, Juan Manuel de Rosas.

Rosas nació en Buenos Aires, el 30 de marzo de 1973, en el seno de una familia pudiente y estanciera. Desde muy joven, Juan Manuel mostró independencia de criterio en torno a los mandatos familiares. De hecho, se casó con Encarnación Ezcurra, pese a la oposición de su madre.

Luego de una intervención armada durante la invasión inglesa a Buenos Aires, Rosas se dedicó a las actividades campestres, mostrando una gran capacidad administrativa y de gestión.

Hasta la década de 1820, Rosas se mantuvo alejado de la actividad política, pese a que por su poderío económico, era un hombre de necesaria consulta. De hecho, fue artífice del tratado de Benegas, al aportar 30.000 cabezas de ganado para satisfacer al gobernador santafesino Estanislao López.

Mientras las provincias avanzaban en su organización federal, desde Buenos Aires se intentó reimpulsar el proyecto unitario que ya había sido derrotado en la batalla de Cepeda, en 1820. Esto abrió paso a la reanudación de la guerra civil y a la aparición de Rosas como figura fundamental de la Argentina.

En 1828, el ejército liderado por Juan Galo de Lavalle derrocó y fusiló al gobernador de Buenos Aires y líder del partido federal, Manuel Dorrego. Esta situación, ubicó a Rosas como heredero del poder federal. Rosas, en comunión con López, atacaron a Lavalle y lo vencieron en la batalla de Puente de Márquez, el 26 de abril de 1829. Pocos meses después, la legislatura porteña lo eligió gobernador de la provincia.

Durante su gestión, Rosas apoyó a las provincias federales en lucha contra los unitarios que se habían reunido en torno a la figura de José María Paz en Córdoba. En 1832, al concluir su mandato, rechazó la reelección. Mientras en Buenos Aires se sucedían diversos hechos políticos, Rosas se dedicó a realizar una campaña contra los pueblos originarios, con los cuales llegó a una serie de acuerdos que perduraron durante más de 20 años.

En 1835, luego de la revolución de los Restauradores y del asesinato de Facundo Quiroga, Rosas fue electo nuevamente gobernador, ahora, con facultades extraordinarias y la suma del poder público. Asimismo, las provincias lo designaron encargado de las relaciones exteriores de la Confederación Argentina. En ese papel, le tocó combatir contra las invasiones coloniales de Francia y Gran Bretaña, con el famoso capítulo de la Vuelta de Obligado incluida.

Para fines de la década de 1840, el poder de Rosas parecía incontrastable. Pero las provincias querían constitución y el Restaurador no estaba dispuesto a entregar su poder bajo la sanción de una ley de leyes. Esa, entre otras, es una de las explicaciones de su caída en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852.

Luego de esa derrota, Rosas emigró a Inglaterra, lugar del que nunca más regresó y en el que murió el 14 de marzo de 1877.

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