La doble visera de cemento, templo del fútbol argentino

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Cuando algunos dirigentes plantearon la idea, muchos pensaron que estaban locos, que era imposible soñar con un estadio de cemento… “¡un estadio de cemento! ¡Si no hay ninguno en toda Sudamérica!” Opinaron los más escépticos. Pero la idea avanzó.

Para ello, el Club Atlético Independiente adquirió unos terrenos cercanos a las vías del tren, allá por 1925. En verdad, nadie podía pensar que allí se construiría el primer estadio de cemento de Sudamérica. Era una hondonada, cubierta por una ciénaga conocida como el “El Pantano de Ohaco”. Los trabajos para disecarlo comenzaron de inmediato. Muchos todavía creían que todo era parte de un delirio de Don Pedro Canaveri, quién condujo el proyecto hacia su materialización

El fútbol en la Argentina ya era una pasión de multitudes. Todos los fines de semana, miles de hinchas asistían a los partidos del campeonato de la Asociación Argentina de Football. En aquella década de 1920, cinco clubes dominaban la escena, Boca, Racing, San Lorenzo, Huracán e Independiente, que ganaron todos los títulos de la década, salvo en el 21 y en el 29. El Rojo de Avellaneda era, en los años finales del amateurismo, un club multitudinario y popular, debido a que sus hinchas se generaban en las barriadas industriales de la vera del Riachuelo. De allí la necesidad de contar con un estadio capaz de albergar a los miles de simpatizantes que asistían a cada juego del equipo.

Para mediados de 1926, el terreno estuvo listo. Ante el asombro de la mayoría y la incredulidad de muchos, se comenzó a construir el estadio. A diferencia de los estadios tradicionales, que se construían de madera o de tablones, como solían decir los hinchas, esta vez se lo haría de hormigón armado, un verdadero sueño.

Y ese sueño se hizo realidad el domingo 4 de marzo, en un partido amistoso jugado entre el local, el Club Atlético Independiente y el conjunto de Peñarol de Montevideo. Con ese duelo se inauguró, finalmente, el estadio… el primer estadio de cemento de Sudamérica, y uno de los primeros en todo el mundo. El resultado fue 2 a 2, pero a nadie le importó, ni siquiera recordar que los autores de los goles del local fueron anotados por dos inmensas glorias, como Raimundo “Mumo” Orsi y Manuel Seoane, el máximo goleador del amateurismo en la Argentina.

El estadio pasó por varias modificaciones, pero durante décadas fue conocido como el estadio de la doble visera, por el techo que recubría la popular local y las plateas Arsenio Erico. Allí, Independiente jugó 1.429 partidos y dio once vueltas olímpicas entre campeonatos locales e internacionales. En ese estadio, jugaron el Santos de Pelé, el Inter de Helenio Herrero y el Ajax de Joan Cruyff. Sobre su verde césped deslumbraron figuras de la talla de Ernesto Grillo, el paraguayo Erico, Daniel Bertoni, Jorge Burruchaga y el inigualable Ricardo Enrique Bochini.

El 8 de diciembre de 2006, el viejo estadio de la doble visera de cemento cerró sus puertas para dar paso a la modernidad. Aquella noche, Independiente perdió con Gimnasia de Jujuy por 2 a 1, al igual que 78 años atrás, a nadie le importó el resultado ni recordar que el juvenil Federico González marcó el último gol que se anotaría en aquella escenografía mítica. Durante horas, 50.000 hinchas de Independiente cantaron hasta el cansancio, Doble Visera, Doble Visera, nunca te voy a olvidar.

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