El hombre que es pueblo y Patria Grande

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La muerte del presidente de Venezuela Hugo Chávez nos conmocionó a todos, por lo menos a los millones que identificamos al comandante Chávez con el hombre que es pueblo y Patria Grande. Esa fue, en definitiva, la esencia misma del ser político del líder de la revolución bolivariana, ser pueblo, ser Patria Grande. Así se concibió a él mismo y así, también, concibió al proceso político, social, económico y cultural que transformó para siempre la realidad de su país.

Con una profunda convicción revolucionaria y un carisma abrazador, Chávez asomó como el impulsor de los cambios que reclamaba la sociedad venezolana desde finales de los 80, acosada por la aplicación brutal y terrible del neoliberalismo. Primero buscó, junto a sus camaradas del Ejército, la salida armada. Fue en 1992, pero fue derrotado por las tropas leales al gobierno. Fue detenido y encarcelado durante dos años. En el mismo momento en que lo recluían en una cárcel, nacía el mito, el símbolo y la bandera de lucha para el pueblo de Venezuela.

Durante toda la década del 90, mientras el neoliberalismo se extendía como pandemia sobre la región, Chávez fue acumulando poder político y ascendencia popular. Mientras otros países (entre ellos la Argentina) se hundían en sus crisis más profundas, Venezuela paría la nueva era de la Patria Grande. En ese sentido el rol de Chávez fue determinante, ya que desde su asunción como presidente en 1998 se hizo evidente que el cambio de era estaba próximo.

Por lo pronto, Chávez avanzó en las transformaciones indispensables para su país, en especial con la sanción de una nueva constitución, que abrió paso a la conformación de la República Bolivariana de Venezuela. Enfrentó a la fuerte y poderosa oligarquía local, la que puso en práctica todo tipo de maniobras desestabilizadoras para derrocarlo, pero ello fue imposible, porque Chávez ya no era sólo un presidente, Chávez ya era el propio pueblo de Venezuela. Durante sus 14 años de mandato, el comandante-presidente ganó 17 de las 18 elecciones en las que participó, una muestra de vocación democrática que difícilmente otro estratega pueda evidenciar.

Con clarividencia política, Chávez comprendió que la realización social de su país no sólo radicaba en una acción coherente hacia adentro, sino que requería de una transformación equivalente a nivel regional. La bicentenaria utopía de la Patria Grande, nacida junto a los Libertadores José de San Martín y Simón Bolívar, continuaba latente como un desafío para los pueblos y gobiernos del continente. Chávez fue, en esta etapa histórica, el primero de los precursores, el ideólogo y el impulsor del mayor proceso de integración vivido por el continente en toda su historia.

Fue, además, junto a Néstor Kirchner y Lula, los responsables de haber clausurado y frenado el aberrante intento colonizador de los Estados Unidos denominado Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA). En una histórica cumbre desarrollada en Mar del Plata, en el año 2005, Néstor y Chávez le pusieron un freno al presidente George Bush, que se retiró de la reunión contrariado y ofuscado con estos dos revoltosos del sur.

Como antes lo habían sido Fidel Castro y el Che Guevara para los movimientos sociales y armados de los 60 y 70, Chávez fue el ejemplo y el símbolo para las luchas libertarias que se han desarrollado –y aún se desarrollan- en los países de la región. Así lo han reconocido Fernando Lugo, Rafael Correa y Evo Morales, entre otros. Con esa enorme convicción y su valentía para enfrentar al imperio, Chávez actuó de guía para todo un continente.

Creó el ALBA -la Alternativa Bolivariana para las América-, avanzó en la integración con otros espacios, como el Mercosur, fue clave en la construcción de la UNASUR y la Celac, el organismo que vació de legitimidad a la proyanqui OEA. Hizo cuanto pudo y más por la integración latinoamericana. Dejó un legado, allanó un camino y encendió una mecha que ya nunca se podrá apagar.

Chávez se hizo Patria Grande, Chávez se constituyó en otro Libertador de América. Por lo menos así lo recordará la historia y así lo recordaremos todos, todos nosotros, que somos pueblo, que somos él. Te vamos a extrañar comandante, te lloraremos por siempre, pero aquí estaremos, tratando de ser un poquito como vos, para que cada poquito que seamos todos sirva para mantenerte vivo. ¡Hasta la victoria siempre, comandante! 

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