Carrillo, el gran sanitarista argentino

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La medicina social fue un tema sin trascendencia durante décadas en la Argentina, en especial debido al poco interés que los gobiernos tenían en las condiciones de vida de la población. La llegada al poder del peronismo cambió esta mirada social, y tanto la educación como la salud, se convirtieron en pilares del gobierno nacional y popular. En el ámbito de la salud, el presidente Juan Perón creó el primer ministerio de Salud de la región, al frente del cual puso al doctor neurocirujano Ramón Carrillo, el gran sanitarista argentino.

Carrillo nació el 7 de marzo de 1906 en Santiago del Estero y desde muy joven mostró un talento superior al del resto de los mortales. Con una notable capacidad de estudio y aprendizaje, Ramón se dirigió a la Capital Federal para estudiar medicina en la prestigiosa Universidad de Buenos Aires, en donde se recibió de doctor con medalla de oro.

Ya en la etapa de su formación, se especializó en neurocirugía y neurología, algo que pudo profundizar a partir de una beca de estudios en Europa. Durante la década infame se acercó al grupo de intelectuales y artistas que dieron surgimiento a FORJA, en donde confluyó con personalidades de la talla de su coterráneo Homero Manzi, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, entre otros.

Fueron años de aprendizaje y docencia, pero siempre con una latente preocupación social. Esa preocupación se transformó en vocación a partir de 1939, cuando se hizo cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar. Desde esa función accedió a las historias clínicas de todos los conscriptos, en las cuales se evidenciaba una altísima incidencia de enfermedades vinculadas a la pobreza. En esta línea, realizó estudios estadísticos en los que confirmó la precaria estructura de salud existente en el país.

En 1942, ganó por concurso la titularidad de la cátedra de Neurocirugía de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Pero poco tiempo estaría allí, la historia de la Argentina estaba por dar un cambio profundo en su historia y Carrillo, sería un gran protagonista.

La irrupción del peronismo ubicó a la salud como una prioridad pública. Perón designó a Carrillo como ministro de salud, con el objetivo de implementar una profunda y extendida política sanitaria en todo el país. Durante los 8 años de gestión de Carrillo se produciría una revolución en la materia como nunca antes (y nunca más) se volvería a repetir en el país.

Sólo por citar los datos más emblemáticos, diremos que la cantidad de camas pasó de 66.300 a 132.000, con una distribución más equitativa en todas las regiones. Creó 234 hospitales o policlínicos gratuitos. Disminuyó el índice de mortalidad por tuberculosis de 130 por cien mil a 36 por cien mil. Terminó con epidemias como el tifus y la brucelosis. Redujo drásticamente el índice de mortalidad infantil del 90 por mil a 56 por mil. Y, en sólo dos años, erradicó enfermedades como el paludismo.

A mediados de 1954, en medio de la crisis que preanunciaba la caída del gobierno, Carrillo renunció a su cargo. Murió en el exilio y la pobreza el 20 de diciembre de 1956, el día en que moría el gran sanitarista argentino.

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