Cámpora al gobierno, Perón al poder

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El presidente de facto Agustín Lanusse lanzó la brabuconada como si estuviera tratando con otro general de su calaña antidemocrática, “no le da el cuero para volver”, dijo en referencia a Juan Domingo Perón, el líder del pueblo argentino que vivía en el exilio desde que un golpe cívico-militar lo derrocara en septiembre de 1955.

Lanusse, en verdad, no podía ocultar su perplejidad ante el clamor masivo y las luchas multitudinarias que comenzaron a gestarse bajo un solo lema: Luche y vuelve. No sólo era una referencia al querido líder exiliado, era una referencia a la vuelta de la democracia y de una Argentina que había cobijado a todas y todos durante los dos primeros gobiernos peronistas.

Como un sabio ajedrecista, Perón eludió el desafío camorrero de Lanusse, y lo desairó como interlocutor para un posible acuerdo que permitiera pasar a una especie de democracia tutelada por el poder militar bajo el paraguas del Gran Acuerdo Nacional. Perón no volvió cuando Lanusse quiso, pero su impronta era tan fuerte, que su figura dictaba los caminos de la patria.

Las luchas populares, luego de 17 años de dictaduras militares y democracias ficticias, habían forzado el llamado a elecciones, sin que en ellas el Partido Peronista fuera proscripto, como lo había sido en los comicios de 1958 y 1962.

De inmediato, surgió un candidato que debería representar a Perón, su ideología y su impronta, Héctor Cámpora, el Tío. Cámpora era el delegado de Perón en la Argentina y era un peronista de la primera hora, ya que había sido presidente de la cámara de diputados durante el primer gobierno peronista, época de las grandes transformaciones políticas, sociales y económicas.

Al igual que con el luche y vuelve, al momento de la campaña surgió la consigna que se haría bandera a la victoria: Cámpora al gobierno, Perón al poder.

Los meses de campaña serían excitantes, con una movilización política, sindical y, fundamentalmente, juvenil, como no se había registrado nunca en la historia argentina. Cámpora recorrió todo el país acompañado por el fervor y la esperanza de un pueblo que estaba por recuperar la democracia luego de casi dos décadas de golpismo.

Durante la campaña, se consolidó el poder y la fuerza de movilización de la Gloriosa JP, como así también de las “organizaciones especiales”, en especial Montoneros, que se colocó a la vanguardia del movimiento nacional y popular que comenzó a recuperar su lugar en la historia.

Las elecciones para presidente se hicieron el 11 de marzo de 1973, y ratificaron el clamor popular por el regreso del peronismo al poder. La fórmula Cámpora-Solano Lima obtuvo el 49,5 por ciento de los votos, mientras que binomio radical, integrado por Ricardo Balbín y Fernando de la Rúa, apenas llegó al 25. Pese a que Lanusse había establecido el sistema del ballotage si ningún candidato alcanzaba el 50 por ciento de los votos, la diferencia fue tal, que Balbín se bajó de la segunda vuelta.

Esa noche el país lo vivió de fiesta, el tío, el tío Cámpora, el delegado de Perón, llegaba al gobierno, para que Perón, llegara al poder.

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